Hablamos con Luis, el hombre que convive con lobos americanos para que nos explique si tenemos que tener miedo o no

Luis convive con lobos y asegura que el miedo es cultural, además recuerda que en España no hay ataques certificados desde hace 200 años

Los lobos llegan a zonas urbanas en las Merindades, pero piden calma: “No forma parte de su naturaleza atacar al ser humano”

Lobo. / vladimircech

La aparición de lobos en una zona urbana de un pueblo de las Merindades ha generado inquietud entre los vecinos tras varios avistamientos recientes y el hallazgo de heces muy cerca de viviendas. La semana pasada se vio a una pareja de lobos por la noche y, días después, de nuevo por la tarde. Los excrementos, con abundante pelo, encendieron las alarmas en un entorno poco habituado a convivir con este animal.

Para arrojar luz y rebajar el temor, en El Madrugador hemos hablado con Luis, un especialista que convive a diario con lobos, que nos ha explicado qué hay detrás de este comportamiento y si existe un riesgo real para las personas.

“El miedo al lobo no se basa en riesgos reales”

Luis, integrante del proyecto True Dreams en Noja, convive con ocho lobos de Norteamérica y conoce de primera mano su comportamiento. Aunque aclara que no son los mismos ejemplares que habitan en la península, subraya que su conducta básica es muy similar.

“La inquietud está justificada en parte, pero hay datos muy importantes”, señala. El primero: no se han producido ataques al ganado en la zona. El segundo: el estado de las heces encontradas. “Que tengan mucho pelo es una buena señal. Significa que el lobo ha comido carne recientemente, probablemente fauna silvestre”.

Según explica, cuando un lobo come lo hace “en grandes cantidades, porque no sabe cuándo volverá a cazar”. El problema, añade, llega cuando aparecen restos blancos de hueso: “Eso indicaría hambre y carroña, y ahí sí habría más riesgo de comportamientos oportunistas”.

Luis insiste en desmontar uno de los grandes miedos: “El temor al lobo es totalmente cultural. En España llevamos unos 200 años sin un ataque certificado a personas”. Y añade una idea clave: “El lobo no tiene una cultura antropófaga. No forma parte de su naturaleza atacar al ser humano”.

Por qué el lobo se acerca a los pueblos

El experto apunta dos razones principales para estas incursiones. La primera tiene que ver con los llamados lobos dispersantes. “Algunos ejemplares sienten la necesidad de ampliar territorio y durante días aparecen en zonas donde nunca se les ha visto”, explica, recordando casos documentados en Europa de desplazamientos de más de mil kilómetros.

La segunda razón está relacionada con la eliminación de lobos en otras comunidades. “Cuando se sacrifican miembros de una manada, esta se desestructura, pierde capacidad de caza y aumenta el hambre”, afirma. En ese contexto, los lobos recurren a presas más fáciles, como ganado doméstico.

Aun así, Luis lanza un mensaje claro a la población: “No supone ningún problema para las personas, ni para los niños, ni para los perros que pasean con nosotros por el monte”. Solo matiza un punto: los perros que cuidan el ganado sí pueden verse expuestos, porque “forman parte del conflicto directo con la manada”.

El consejo final es sencillo y práctico: reforzar la protección del ganado, cerrar bien las cuadras por la noche y mantener la vigilancia habitual en zonas loberas. “Pero, sobre todo, estar tranquilos. El lobo siente pánico al ser humano y evita el contacto siempre que puede”, concluye.


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