Radio Nervión

Hablamos con Olga Pérez, co-presidenta de Bruselako Euskal Etxea, sobre la cultura y la diáspora vasca

La co-presidenta de Bruselako Euskal Etxea explica cómo mantener viva la cultura vasca en el corazón de Europa y reclama más apoyo

Olga Pérez, Bruselako Euskal Etxea, sobre la diáspora vasca: «El desafío es atraer el interés de la gente joven»

Euskal Etxea de Bruselas. / euskalkultura.eus

La diáspora vasca reúne a las personas de origen vasco que viven fuera de Euskadi y a sus descendientes. A miles de kilómetros de Euskal Herria, estas comunidades mantienen el vínculo con sus raíces a través de la cultura, el idioma, la música y las tradiciones. Las Euskal Etxeak se han convertido en espacios fundamentales para mantener esos lazos y crear comunidad.

Uno de esos puntos de encuentro está en Bruselas. La capital belga reúne a una comunidad vasca muy diversa. Hay descendientes de personas que llegaron hace décadas, familiares de los niños de la guerra, profesionales que trabajan en las instituciones europeas, estudiantes y jóvenes que se han trasladado por motivos laborales.

Olga Pérez, co-presidenta de Bruselako Euskal Etxea, explica que esa diversidad forma parte de la realidad actual del centro. «Tenemos una diáspora más histórica», señala, en referencia a las familias vinculadas a quienes llegaron a Bélgica en el pasado. Pero también, añade, «tenemos gente que trabaja en las instituciones y jóvenes que vienen a estudiar», además de otras personas que llegan por motivos laborales.

Un pedacito de Euskadi en Bruselas

La ubicación de la Euskal Etxea aporta un carácter especial a su actividad. Bruselas es uno de los grandes centros políticos de Europa y concentra a personas de numerosas nacionalidades y culturas. «El hecho de que estemos también en Bruselas le da un matiz diferente a nuestra Euskal Etxea», explica Pérez. La presencia de profesionales vinculados a las instituciones europeas y una diáspora con una trayectoria histórica hacen que exista también una dimensión política, aunque entendida como una forma de dar a conocer Euskadi.

«Como sociedad vasca también queremos influir, enseñar un poco lo que somos a la sociedad belga», apunta. Para Olga, se trata también de mostrar que la comunidad vasca puede contribuir a la sociedad en la que vive. «Está ese punto de orgullo, somos vascos y podemos aportar también a la sociedad belga».

El euskera gana protagonismo

Dentro de esa labor, el euskera ocupa un lugar fundamental. Las clases de lengua vasca son una de las actividades principales del centro y comparten protagonismo con el coro, que interpreta canciones en euskera y participa en diferentes actuaciones. «Para nosotros hay dos actividades que son fundamentales. Una es precisamente las clases de euskera y otra, aunque ahora estamos en dificultades para mantenerla, es también el coro», explica Pérez.

El centro quiere ahora reforzar todavía más la presencia del idioma. La realidad de una comunidad formada en buena parte por personas nacidas en Bélgica ha hecho que históricamente el euskera tuviera más dificultades para asentarse.

Juventud y financiación, los grandes desafíos

Mantener activa una Euskal Etxea en una ciudad tan internacional como Bruselas no está exento de dificultades. Para Olga Pérez, uno de los principales retos pasa por conseguir que los jóvenes se impliquen y encuentren motivos para acercarse al centro. «Es un poco el acercar e intentar tener éxito en cuanto a atraer el interés de la gente joven», reconoce. La cercanía de Bruselas con Euskadi y las nuevas tecnologías hacen que hoy sea más sencillo mantener el contacto, pero también pueden reducir la sensación de distancia que tradicionalmente reforzaba el vínculo con las Euskal Etxeak.

El dinero es otro de los problemas. «Para hacer cualquier actividad necesitamos ayuda financiera», explica Pérez, que reconoce que en este aspecto «no estamos pasándolo muy bien».

La responsable considera que las dificultades económicas pueden convertirse en un problema para muchas Euskal Etxeak. «Podría ser para muchas Euskal Etxeas un problema a medio plazo, ya no a largo, sino a corto y medio plazo», advierte.

Por eso, resume los principales retos en tres cuestiones: «Atraer el interés de la juventud, darle un perfil más alto al euskera, que es una de las prioridades, y el apoyo financiero».


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