Sara Urbieta, desde la diáspora vasca en Argentina: “Nuestro objetivo es aprender y poder transmitirlo allá”
La diáspora vasca reúne a las personas de origen vasco y a sus descendientes que viven fuera de Euskadi y que mantienen el vínculo con sus raíces a través de la cultura, las tradiciones y el sentimiento de pertenencia. Argentina es uno de los países con una comunidad vasca más importante, donde las Euskal Etxeak, los centros vascos, actúan como punto de encuentro y permiten transmitir esta identidad entre generaciones.
En estos espacios se organizan actividades culturales, encuentros, clases de euskera, música, danza y celebraciones vinculadas a las tradiciones vascas. Una de las formas más visibles de mantener ese legado son los bailes tradicionales y la música, que siguen pasando de padres a hijos incluso a miles de kilómetros de Euskal Herria.
A través de la danza
Una de esas historias tiene como protagonista a Sara Urbieta, directora de Betirako Tandil, el grupo de danzas de la Euskal Etxea Gure Etxea, en Tandil, Argentina. Nacida en Tres Arroyos, Sara creció vinculada a la comunidad vasca y ahora lidera un proyecto que conecta Argentina con Euskal Herria: Herencia Viva.
La iniciativa ha llevado a un grupo de dantzaris argentinos hasta Euskadi para conocer de cerca las tradiciones de sus antepasados, formarse con profesores y maestros de danza y regresar después a Argentina con nuevos conocimientos.
Para Sara, el vínculo con la cultura vasca comenzó prácticamente desde su nacimiento. “Yo nací en Tres Arroyos y la Euskal Etxea de Tres Arroyos nació meses después de que yo nací”, recuerda. Sus padres ya la llevaban a las reuniones cuando era pequeña y, cuando comenzaron las clases de danza, empezó a bailar.
Más adelante se acercó también a la trikitixa y participó en talleres y actividades relacionadas con la cultura vasca. A los 18 años se trasladó a Tandil para estudiar y se incorporó a la Euskal Etxea de esta localidad.
Herencia Viva: puente entre Argentina y Euskadi
El proyecto nació después de la Semana Nacional Vasca de 2025, que se celebró en Tandil después de 33 años sin que la ciudad acogiera este encuentro. Sara explica que aquella cita permitió crear nuevos lazos y dejó al grupo con ganas de seguir estrechando la relación con Euskadi.
Así surgió la idea de viajar a Euskal Herria. El grupo llegó hace una semana y durante estos días está recorriendo distintos lugares, participando en actividades, bailando y recibiendo formación.
Pero el viaje no termina en Euskadi. El proyecto tiene una segunda parte en Argentina, donde los participantes quieren compartir todo lo aprendido. “Nuestro objetivo no es venir acá a aprender y que nos quede a nosotros, sino poder transmitirlo luego allá”, explica Sara.
La intención es que los conocimientos adquiridos durante el viaje sirvan para continuar formando a nuevos integrantes y mantener vivas las tradiciones dentro de la comunidad vasca argentina.
El reto de atraer a las nuevas generaciones
Mantener ese vínculo cultural también plantea retos. En el grupo de danzas participan alrededor de 24 personas de edades muy diferentes. Cada una tiene sus propios estudios, trabajos y obligaciones, por lo que encontrar horarios y actividades que encajen para todo el grupo no siempre resulta sencillo.
Para Sara, conseguir que todos participen con ilusión y compromiso constituye uno de los principales desafíos. A pesar de las dificultades, considera que el futuro de las Euskal Etxeak en Argentina es positivo. Cree que el trabajo realizado durante décadas ha sentado unas bases sólidas y que ahora existen nuevos recursos para acercar la cultura vasca a las generaciones más jóvenes. “Yo creo que sí y cada vez más”, afirma sobre el futuro de los centros vascos. En su opinión, esas nuevas herramientas permitirán vivir y transmitir la identidad vasca de una manera diferente.
Para Sara, asumir la responsabilidad de mantener viva esta cultura al otro lado del Atlántico supone un compromiso importante. “Realmente es una responsabilidad muy grande, pero siempre con cariño”, resume.