Al pie de la carretera Nacional 629, la que surca el puerto de Los Tornos y conecta Burgos con Cantabria, resiste desde hace casi un siglo uno de esos negocios que ya son parte del paisaje y de la memoria colectiva. En la localidad de Agüera de Montija, el Bar Ultramarinos Hilario sigue abriendo cada día como lo hacía en 1929, cuando los bisabuelos Jesús y Tomasa levantaron este pequeño bar-colmado que hoy regentan la tercera y cuarta generación de la familia. Al frente del negocio está Tomasa González, conocida como Sita, junto a su hija Belén Calleja, manteniendo viva una tradición que ha sobrevivido al paso del tiempo, a los cambios de consumo y al cierre de muchos bares de pueblo en la comarca. El suyo es uno de los pocos bares con tienda que aún continúan en activo en el norte de Burgos.
Cafe de puchero
Uno de sus grandes reclamos es, sin duda, el cafe de puchero, convertido en seña de identidad del local. La receta exacta no se desvela —“es un secreto familiar”—, pero sí el método: café colado con la manga de tela de toda la vida, como se hacía antaño. Un cafe sencillo, intenso y auténtico que se sirve por 1,20 euros y que ha conquistado a generaciones de clientes.
Por el Bar de Hilario pasan camioneros de paso, transportistas que lo tienen como parada obligatoria, viajeros camino de la playa, seteros que conocen bien los montes de Agüera y sus apreciados boletus edulis, cazadores y vecinos del entorno. Todos ellos comparten mesa entre platos tradicionales de chorizo, huevos, panceta y morcilla, sin artificios ni modernidades.
El pequeño bar-colmado llama la atención nada más entrar. En sus estanterías conviven productos de alimentación, droguería, aseo personal y artículos básicos de toda la vida, “un poco de todo”, como dictaban los ultramarinos rurales. El local conserva intacta la estética original: la misma barra de siempre, las estanterías y hasta algunas botellas que han ido ganando solera con el humo de las velas y del tabaco que antaño llenaba las tabernas.
Más que un bar, el Ultramarinos Hilario es un punto de encuentro, un refugio para el viajero y un símbolo de resistencia frente a la despoblación rural. Sita y Belén saben que no solo sirven cafés o venden productos: mantienen viva una forma de entender la hostelería y el comercio de pueblo que ya es historia viva del norte de Burgos y parte de Cantabria.
Un negocio humilde, auténtico y con alma, donde el tiempo parece detenerse cada vez que alguien cruza la puerta para pedir un café de puchero.