OPINIÓN - Iker Fernández

Cuando el mayor rival del Athletic está en la enfermería

Las lesiones han dejado de ser un contratiempo puntual para convertirse en un factor estructural de la temporada
Bilbao Basket

Hay temporadas que se definen por un gol, una decisión del árbitro o una serie de resultados concretos. Pero hay otras que se comprenden al observar la sala de recuperación. La situación del Athletic pertenece cada vez con más claridad a este segundo grupo. No es una excusa ni una forma de justificarlo todo, pero sí un factor real que atraviesa al equipo durante toda la temporada.

No se trata de una mala semana ni de una serie de lesiones puntuales. Es una situación constante. Desde que comenzó el curso, los leones han lidiado con ausencias importantes, regresos parciales y recaídas que han impedido establecer continuidad. Y cuando no hay continuidad en el fútbol, todo se ve afectado.

Es una señal preocupante. A estas alturas, no ha pasado una semana sin jugadores lesionados o sin que futbolistas importantes puedan entrar en la dinámica competitiva. Un ejemplo significativo es que jugadores que deberían haber aportado hace meses no han podido hacerlo, mientras otros han tenido que exigirse al máximo para sostener al equipo. El resultado es un grupo al límite, con una carga de minutos poco saludable y un margen mínimo para rotaciones reales.

Conviene hacer una distinción. No todas las lesiones son iguales ni tienen el mismo impacto. Pero cuando afectan a jugadores clave o se encadenan en el tiempo, dejan de ser accidentes y comienzan a definir el contexto. Ese contexto ayuda a entender muchas decisiones de Ernesto Valverde que, vistas sin ese prisma, pueden parecer conservadoras o incluso contradictorias.


«Cambiar de once no siempre es una decisión táctica; a menudo es una necesidad. Y cuando las necesidades dominan, el rendimiento suele volverse más irregular».


Si se mira dos o tres temporadas atrás, la diferencia es evidente. En años anteriores, el Athletic pudo sostener su estilo gracias a una base sólida, a automatismos trabajados semana tras semana y a una estabilidad física que permitía competir con regularidad. No era un equipo perfecto, pero sí previsible en el buen sentido: se sabía a qué jugaba y con quién.

Esta temporada, sin embargo, esa previsibilidad se ha desvanecido. No por falta de ideas, sino por falta de disponibilidad. Cambiar de once no siempre es una decisión táctica, muchas veces es una obligación. Y cuando las obligaciones mandan, el rendimiento suele ser más irregular.

Las lesiones no solo afectan a los que no juegan. También castigan a los que sí lo hacen. Que se lo digan a Jauregizar. Los futbolistas acumulan minutos, compiten con molestias (Nico, Berenguer) y ajustan esfuerzos para llegar al siguiente partido. Ese desgaste invisible no aparece en las estadísticas, pero acaba teniendo impacto, sobre todo cuando el calendario se aprieta y la exigencia aumenta.


«Sería un error convertir las lesiones en coartada para todo. El Athletic sigue compitiendo y tiene margen de mejora en muchos aspectos del juego. Pero también sería ingenuo ignorar hasta qué punto este factor está marcando la temporada.»


Además, las lesiones aceleran procesos que deberían ser más graduales. La cantera responde, como casi siempre en el club, pero no es lo mismo integrar a jóvenes desde la calma que hacerlo desde la urgencia. Y la urgencia ha sido una constante este año, lo que ha permitido conocer a Rego y Selton, y en menor medida a Izeta, Ibon Sánchez o Asier Hierro.

Convertir las lesiones en una excusa para todo sería un error. El Athletic debe empezar a competir y tiene mucho margen para mejorar en todos los aspectos del juego. Pero también sería ingenuo ignorar hasta qué punto este factor está marcando la temporada. No es una opinión cómoda ni un discurso triunfalista, sino una lectura honesta de lo que está ocurriendo.

El tramo decisivo del curso se aproxima con una pregunta clave: ¿llegará el Athletic con suficientes fuerzas y efectivos para sostener sus ambiciones? La respuesta no dependerá solo del juego. Dependerá, en gran medida, de si la enfermería deja de ser un problema y permite que el equipo compita, por fin, en igualdad de condiciones.


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