La rueda de prensa de Jon Uriarte y Mikel González se puede resumir en una cifra que escuece: 17 puntos. «El objetivo es sumarlos cuanto antes», dijeron. Es una frase honesta, sí, pero también es una bofetada de realidad. Cuando en Ibaigane se empieza a hablar de mínimos vitales en pleno febrero, es que el motor del equipo no solo ratea, es que amenaza con pararse.
El presidente no se anduvo con rodeos y eso se agradece. Calificar el balance liguero como «malo» no es ser pesimista, es ser realista, que no de la Real. Pero el problema del Athletic hoy no es solo un tema de números en la tabla, es una crisis de sensaciones. El equipo no transmite seguridad ni continuidad. En Primera, si no sabes a qué juegas un domingo cualquiera, acabas pagando la factura el lunes.
Aceptar la «nueva realidad» es el primer paso para no hundirse, pero no puede ser el único. El Athletic no es un club diseñado para la cultura de la supervivencia. Escuchar que la prioridad es mirar por el retrovisor para no caer al abismo reconoce, implícitamente, que el proyecto deportivo ha gripado. Se ha pasado de mirar a Europa con ambición a contar los puntos que faltan para respirar.
«La confianza institucional en el cuerpo técnico es el discurso oficial y lógico, pero el fútbol no entiende de jerarquías, sino de hechos. Y hoy, esos hechos están en deuda.«
Falta identidad. No es solo que los resultados no lleguen, es que en muchos tramos de la temporada el equipo parece haber olvidado qué le hizo grande. Se ha perdido la claridad cuando el partido se pone cuesta arriba, y las respuestas desde el banquillo o el césped llegan tarde o no llegan. La confianza institucional en el cuerpo técnico es el discurso oficial y lógico, pero el fútbol no entiende de jerarquías, sino de hechos. Y hoy, esos hechos están en deuda.
Como siempre, la Copa aparece en el horizonte como ese refugio emocional donde todo se olvida. Es «nuestra» competición, cierto. Pero cuidado con confundir la ilusión con una cortina de humo. La Copa puede dar alas, pero no puede tapar las carencias de un equipo que en LaLiga se desangra. Si el juego no mejora, el subidón del torneo del KO será, en el mejor de los casos, un alivio pasajero.

El enigma de las lesiones y el «caso Nico»
Mikel González tiró de datos para explicar lo que todos vemos: el equipo está físicamente muerto. El regreso a Europa ha pasado factura y el parte médico es un goteo constante. La pregunta es obligatoria: si el diagnóstico estaba claro (más partidos, menos descanso), ¿por qué carajo parece que siempre vamos a remolque de las lesiones?
El capítulo sobre la pubalgia de Nico Williams fue lo más revelador de la tarde. Se agradece la transparencia y el compromiso del chaval (anteponiendo el Athletic a un Mundial), pero el fondo es preocupante. Que la pieza más brillante del engranaje ofensivo esté «entre algodones» y sin una solución definitiva condiciona no solo el esquema, sino el estado de ánimo de todo el club.
Una lección desde el femenino
Si algo positivo dejó la comparecencia fue el espejo del equipo femenino. Las leonas demostraron que, cuando se detecta el problema y se corrige el rumbo a tiempo, la dinámica cambia. Esa es la lección que el primer equipo masculino debe tatuarse.
El Athletic no necesita más discursos coherentes ni PowerPoints explicativos. Necesita volver a morder. Sumar esos 17 puntos no debería ser el objetivo final para celebrar nada, debería ser el trámite urgente para dejar de cometer los mismos errores y volver a ser el equipo que no se conforma con los mínimos.
