La exposición “SansoaÇ eta AdarraÇ”, instalada en las Juntas Generales de Bizkaia, en Bilbao, recupera una tradición milenaria: el uso de los cuernos como instrumentos de viento y comunicación.
Uno de los protagonistas de esta muestra es el artesano Andoni Sainz, que convierte cada pieza en un objeto único, combinando técnica, sonido e historia. Su trabajo ha llamado la atención no solo por la calidad artística, sino por la forma en la que mantiene viva una práctica con miles de años de antigüedad.
“Me tiró un cuerno a casa y me dijo: a ver si eres capaz de hacerlo sonar”
Sainz explica que su relación con este oficio comenzó de manera totalmente casual:
“Yo trabajaba la madera y un día un vecino de Carranza me trajo un cuerno a casa y me dijo a ver si eres capaz de hacerlo sonar. Era como un reto”. Ese desafío marcó el inicio de una pasión inesperada: “Empecé a probar y lo conseguí hacer sonar, me hizo muchísima ilusión y es lo que me ha llevado a hacer un montón de cuernos”.
Desde entonces, asegura que ha elaborado “más de mil cuernos”, muchos de ellos personalizados y otros expuestos en su propio museo.
“Es un instrumento musical oficial con más de 32.000 años de antigüedad”
El artesano subraya la importancia histórica de este objeto:
“Es cierto que es una artesanía que se está perdiendo, pero es un instrumento musical oficial y tiene más de 32.000 años de antigüedad”. Para Sainz, no se trata solo de tradición, sino de identidad cultural: “Esto está dentro de nuestras costumbres de toda la vida, lo utilizaban los pastores en el monte para comunicarse o avisar de peligros”.
El proceso artesanal: cocer, limpiar y dar vida al sonido
El trabajo con el cuerno es meticuloso. Primero se cuece para extraer su interior:
“Se cuece unos 40 minutos y luego se le pegan unos golpes y sale el hueso”. Después se limpia y se perfora para permitir el sonido: “Se desinfecta con lejía y luego se hace el agujero para que suene”.Sainz insiste en que lo más importante no es la estética: “Lo importante es que el cuerno suene bien. Lo de la fachada está bien, pero lo esencial es el sonido”.
“El tamaño importa”: así cambia el sonido de cada cuerno
Uno de los aspectos más curiosos de la entrevista es la relación entre forma y sonido:
“El tamaño sí importa. Cuanto más largo y ancho, el sonido es más grave; cuanto más pequeño, más agudo”. Incluso pequeños cambios alteran el resultado: “Si cortas un poco el cuerno, tiene otro sonido”.
“Hay gente que lo usa como desahogo emocional”
Más allá de la música, el cuerno tiene un valor emocional profundo:
“Viene gente con historias personales, algunas muy tristes. Hay quien lo utiliza como un desahogo”.
El artesano explica que algunas personas graban recuerdos en el cuerno:
“Es como un tatuaje. Lo tocan en el monte y es una forma de liberarse de lo que llevan dentro”.
Una tradición que conecta con la identidad vasca
Sainz reivindica el valor cultural de este instrumento: “Esto es muy nuestro, te hace pensar en Euskal Herria. Siempre ha estado en nuestras costumbres”. También destaca su presencia actual en eventos y conciertos: “Se sigue tocando en San Mamés, en conciertos… no ha desaparecido”.
“Los niños lo cogen a la primera”
El artesano subraya el interés de las nuevas generaciones:
“He estado en colegios y los niños aprenden súper rápido. Lo cogen a la primera y quieren probar más”. Para él, el futuro de esta tradición depende de esa transmisión: su hija, cuenta, “ya toca todos los cuernos perfectamente con cuatro años”.
Una exposición que mantiene vivo el sonido del pasado
La muestra en las Juntas Generales de Bizkaia se convierte así en un viaje entre historia, arte y emoción, donde los cuernos dejan de ser simples objetos para convertirse en memoria viva. Sainz resume su filosofía de forma sencilla: “Esto es un hobby, pero lo hago porque me gusta de verdad”.