La mayoría de la juventud rural vasca quiere desarrollar su proyecto de vida sin abandonar su municipio. Así lo refleja el informe Emantzipazioa Begiratzen. Emancipación juvenil en entornos rurales, presentado este lunes por el Departamento de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico del Gobierno Vasco en Orduña.
El estudio concluye que el 51,9 % de las personas jóvenes encuestadas preferiría emanciparse en su propio municipio y otro 20,7 % optaría por localidades cercanas de características similares. Solo un 6,7 % elegiría vivir en una ciudad.
El diagnóstico cuestiona así la idea de que la juventud rural quiera marcharse de forma generalizada y sitúa el arraigo al territorio como uno de los elementos clave a tener en cuenta en las políticas públicas de emancipación.
El informe, elaborado junto a Bitar-Bask, recoge testimonios y experiencias de jóvenes de los tres territorios históricos y analiza las condiciones que dificultan el acceso a una vida autónoma en el entorno rural.
La vivienda aparece como el principal problema. El 91,8 % de las personas participantes considera que la falta de opciones asequibles dificulta la emancipación. A ello se suman la escasez de oportunidades laborales, señalada por el 58,2 % de los encuestados, y las dificultades relacionadas con el acceso a servicios, el ocio, la cultura o el transporte.
Empleo precario y dificultades de movilidad
El estudio destaca además que tener trabajo ya no garantiza poder independizarse. La temporalidad, los salarios bajos y la dificultad para acceder a contratos estables afectan especialmente a la juventud de municipios pequeños.
El informe también pone el foco en las carencias de movilidad y conectividad. La dependencia del vehículo privado, la baja frecuencia del transporte público y la distancia hasta recursos educativos, sanitarios o culturales aumentan las dificultades para construir un proyecto de vida autónomo en el medio rural.
La consejera de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico, Nerea Melgosa, defendió durante la presentación la necesidad de incorporar la perspectiva territorial a las políticas de emancipación. “La cuestión no es solo si la juventud quiere quedarse, sino si existen condiciones suficientes para que quedarse sea una opción real”, señaló.
El estudio añade además la dimensión emocional del proceso emancipador. Aunque muchos jóvenes asocian independizarse con ilusión y autonomía, también aparecen sentimientos de inseguridad, ansiedad y frustración provocados por la incertidumbre económica y social.
El apoyo familiar sigue siendo otro elemento fundamental. Más de la mitad de las personas encuestadas afirma recibir mucha ayuda de su familia para afrontar el proceso de emancipación, aunque el informe advierte de que depender de ese respaldo puede aumentar las desigualdades entre jóvenes.