No sé si el tiempo pondrá a cada uno en su sitio, pero sí tengo claro que el regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh ha provocado una de esas tormentas perfectas en las que las redes sociales vuelven a demostrar lo peor de nosotros mismos. Y vaya por delante algo importante: no me gustó absolutamente nada cómo el grupo gestionó la salida de Leire Martínez. Diecisiete años de vida musical, de conciertos, discos y éxitos merecían otro trato, otra sensibilidad y, sobre todo, otro final, si de verdad tenía que haber llegado, que también está por ver. Creo, además, que la banda ha asumido un riesgo enorme embarcándose en esta gira bajo semejante foco mediático.
Pero dicho esto, también creo que conviene separar el ruido de la realidad. Yo estuve en el primer concierto del BEC, y lo que viví allí se parece muy poco a lo que luego he leído en redes. Resulta curioso comprobar cómo quienes no pisaron el recinto son después los más contundentes a la hora de repartir carnés de autenticidad musical y sentenciar a su principal protagonista, por tres gallos que haya podido meter.
«Amaia actuó más que correctamente, con errores humanos que cualquier artista comete en directo«
Sí, el sonido fue bastante malo. Sí, Amaia cantó mucho mejor de lo que habló, dejando patente que quizá todavía no esté recuperada del todo. Y sí, como es lógico, después de tanto tiempo, viniendo de dónde viene y siendo el día que era, no fue la mejor actuación de su vida. Pero de ahí al linchamiento público hay un trecho enorme. Porque Amaia actuó más que correctamente, con errores humanos que cualquier artista comete en directo. Y, sobre todo, consiguió algo mucho más importante: volver a subirse a un escenario y hacer feliz a su público. Nosotros pagamos la entrada y disfrutamos de una comunión absoluta con ella y con las canciones de siempre. Punto. No vi a nadie a mi alrededor que se quejara o que no dejara de corear sus temas.
Lo verdaderamente preocupante es la saña con la que muchos se han lanzado a degollarla desde un teclado. Si Amaia hubiera reaparecido tras superar un cáncer, probablemente estaríamos todos aplaudiendo su valentía. Pero como hablamos de salud mental, parece que todo vale. Incluso hundir un poco más a alguien que lleva años luchando contra sus propios fantasmas. Las redes sociales, demasiadas veces, son eso: una jauría de buitres carroñeros escondidos tras un nick.
«Las redes sociales, demasiadas veces, son eso: una jauría de buitres carroñeros escondidos tras un nick«
Y quizá la frase más inteligente de todo este circo la pronunció precisamente Leire ese mismo día desde Argentina: esto no va de competir ni de decidir quién es mejor. Porque, cada una en su estilo, en su tono, son artistas enormes. Ojalá algún día el verdadero reencuentro sea verlas a las dos sobre un escenario, cantando junto a sus compañeros esas canciones que a todos nos emocionan, y que se han convertido ya en auténticos himnos intergeneracionales.
Jurgen
dice:Pues sí, tienes razón en todo!