Union Bordeaux Bègles prolonga su reinado europeo en un San Mamés de récord

El vasco Maxime Lucu fue el protagonista del partido para que el equipo bordelés doblegase a Leinster con bastante facilidad
Maxime Lucu celebra el ensayo que anotó en San Mamés. / Union Bordeaux Bégles

San Mamés presentó su mejor registro histórico –52.327 personas, medio centenar más que en 2018- en la final de la INVESTEC Champions Cup, un partido que coronó por segunda temporada consecutiva a Union Bordeaux-Bègles como mejor equipo europeo de rugby y donde el vasco Maxime Lucu fue profeta -y villano- en su tierra anotando 21 puntos -un ensayo, dos golpes de castigo y cinco conversiones- claves para el triunfo de la escuadra dirigida por Yannick Bru, que no tuvo oposición en un Leinster verdaderamente flojo (12-41).

Si el partido del viernes fue una oda al juego ofensivo, con sendos ensayos para ambos equipos en los primeros diez minutos, aquí pudimos ver la otra cara del rugby en los primeros compases del encuentro. Una increíble demostración defensiva, con Leinster teniendo que picar piedra hasta encontrar un hueco por la banda derecha por el que pudo entrar Tommy O’Brien para colocar el balón en el suelo. Harry Byrne convirtió el lanzamiento (7-0).

Aún así, la reacción francesa llegó apenas un minuto después con un espectacular ensayo de Cameron Woki que tuvieron que revisar para dictaminar si el balón había salido o no del terreno de juego. La afición francesa mostró su enfado por la decisión arbitral después de que se viera en las pantallas de San Mamés. Finalmente, terminaron logrando el empate gracias a un ensayo del vasco Lucu, que también convirtió el lanzamiento posterior (7-7). Tras una melé en el centro del campo, Bordeaux demostró su espíritu de campeón logrando su segundo ensayo en una acción muy parecida a la primera por mediación de Pablo Uberti. Lucu anotó la conversión de manera espectacular y en una posición más complicada (7-14). La afición bordelesa se vino arriba y se hizo notar entonando La Marsellesa.

El empuje de la grada pareció trasladarse al terreno de juego. Bielle-Biarrey anotó el tercer ensayo para los vigentes campeones después de una bella acción colectiva con posterior conversión de Lucu (7-21) y daba la sensación de que Leinster se dedicaba a perseguir sombras y no encontraban la fluidez y las ideas para superar la defensa tejida Yannick Bru. Si a eso le sumamos la de errores que les forzaron a cometer, queda claro el dominio francés.

Una muestra de lo enchufados que estaban los jugadores del Union Bordeaux-Bégles fue el segundo ensayo de Bielle-Biarrey, que partió de una acción de pillo en el centro del campo. Lucu seguía con la puntería afinada anotando su cuarta conversión (7-28) desatando el delirio de los aficionados franceses, que ya se veían campeones. Y el partido quedó visto para sentencia antes del descanso con un ensayo de Moefana en un contragolpe fulgurante con posterior conversión del medio-melé de San Juan de Luz (7-35) justo antes de irse al descanso.

Una exclusión de Lucu complicó el partido para Union Bordeaux Bègles

La segunda mitad comenzó con un feo agarrón de Lucu sobre Joe McCarthy que se saldó con tarjeta amarilla -y por tanto, exclusión de diez minutos- del jugador vasco. Leinster intentó aprovechar esta superioridad metiendo jugadores más frescos que les permitieran recortar diferencias y fue el propio McCarthy el que anotó un ensayo (12-35) que Ciaran Frawley no convirtió después de que el balón golpease en el poste.

El cuadro norirlandés redobló su agresividad en defensa, aprovechando que el equipo francés se había quedado sin su brújula. Pero más allá de este ensayo, no consiguió materializar este periodo de castigo en forma de ensayos, ya que Union Bordeaux supo parar el reloj a favor de sus intereses. Para cuando Lucu regresó, el partido ya se había embarrado lo suficiente como para que no se viviera el bonito espectáculo que vimos en la primera mitad.

A falta de ensayos, fue Lucu quien anotó dos golpes de castigo -el segundo de ellos espectacular, desde el centro del campo– que ampliaron diferencias para los franceses (12-41) a falta de un cuarto de hora para el final. Sobre el césped no había más historia y la fiesta estaba en la grada, con los aficionados bordeleses celebrando entonando nuevamente La Marsellesa y distintos cánticos.


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