Algunos sonidos son capaces de transportarte a la infancia en apenas un segundo. En Lamiako, ese sonido siempre fue una sirena. Marcaba recreos, entradas, salidas y carreras hacia la verja. Si llegabas tarde te quedabas fuera. Este sábado, a las 17:55 horas, volverá a sonar una última vez, de forma simbólica, en el Colegio de Lamiako. Pero esta vez nadie entrará a clase.
El centro público de Leioa, abierto desde 1975, cerrará definitivamente al terminar este curso dentro del proceso de reorganización educativa impulsado por el Gobierno Vasco ante la caída de la natalidad y la reducción de alumnado. La noticia dejó hace meses una mezcla de tristeza, incertidumbre y enfado entre muchas familias y antiguos alumnos. Ahora, con el final ya a la vuelta de la esquina, el barrio prepara una despedida tan sencilla como cargada de simbolismo.
La cita será este sábado 30 de mayo, coincidiendo con las fiestas de Lamiako. A las 17:30 horas, el patio del colegio volverá a llenarse de vida con una convocatoria abierta a todos los exalumnos y familiares que quieran acudir. No habrá discursos largos ni grandes ceremonias. Solo una foto colectiva, recuerdos compartidos y media hora que promete convertirse en uno de esos momentos que quedan para siempre.
Porque lo que empezó como una idea improvisada ha despertado algo mucho más profundo. Antiguos compañeros se están buscando para repetir fotografías tomadas hace más de 30 años en las mismas escaleras y con la misma colocación. Hay vecinos que ya no viven en Lamiako y que regresarán con sus hijos para enseñarles dónde estudiaron. También acudirán antiguos profesores y trabajadoras del comedor que formaron parte de la vida diaria de cientos de niños del barrio.
Una despedida construida desde los recuerdos
Entre las historias que han ido apareciendo estos días hay una especialmente simbólica. Un vecino que estrenó el colegio en sus primeros años quiere acudir junto a su hija y su nieta, tres generaciones unidas por las mismas aulas y el mismo patio.
Otro de los momentos más emotivos podría llegar con la última sirena. Entre los organizadores existe el deseo de encontrar a Raimundo, el histórico bedel del centro, para que sea él, junto al conserje actual, quien pulse por última vez el sonido que durante décadas marcó el ritmo del colegio.
Después de esa sirena final, llegará una imagen difícil de olvidar. Los asistentes abandonarán el patio en fila, como tantas veces hicieron de niños, aunque esta vez no será para volver a casa tras las clases, sino para despedirse definitivamente del lugar donde crecieron muchos recuerdos.
La Comisión de Fiestas de Lamiako ha preparado además un tardeo entre las 18:00 y las 20:00 horas junto a la txosna del barrio, donde se esperan abrazos, reencuentros y conversaciones pendientes desde hace décadas.
Un cierre marcado por la caída de la natalidad
El cierre del Colegio de Lamiako se enmarca dentro de la reestructuración educativa planteada por el Departamento de Educación del Gobierno Vasco. Actualmente el centro cuenta con poco más de medio centenar de alumnos y varias aulas con muy poca ocupación. Las familias serán derivadas principalmente al centro Artatza-Pinueta.
La decisión provocó críticas por parte del AMPA y también del sindicato CCOO, que denunció que el cierre supone “un duro golpe para la comunidad educativa” y un nuevo episodio de una política que, a su juicio, debilita la escuela pública.
Sin embargo, más allá del debate político y educativo, en el barrio queda sobre todo una sensación compartida: la de perder un lugar que formaba parte de la vida cotidiana de Lamiako desde hace medio siglo.
Este sábado no habrá exámenes, ni mochilas, ni filas para entrar a clase. Solo personas intentando guardar para siempre una última fotografía frente a un colegio que ha acompañado la infancia de generaciones enteras.