La historia de Maribel, una mujer de 84 años completamente invidente, ha llegado a nuestra redacción de radio con una llamada desesperada que deja una pregunta incómoda en el aire: qué ocurre cuando el sistema de cuidados no llega a tiempo. Su marido, Abel, sufrió un ictus muy grave que lo dejó en una situación de gran dependencia. Tras pasar por el Hospital de Basurto y el centro de Gorliz durante meses, fue dado de alta y regresó a casa, donde ahora ambos afrontan una realidad extremadamente difícil.
Sin red familiar cercana
Maribel lo cuenta con una mezcla de agotamiento, tristeza y determinación. “Yo tengo 84 años… no puedo mover un peso de 78 kilos”, explica durante la conversación. Ella misma detalla que él “no se vale por sí mismo” y que necesita ayuda constante para las tareas más básicas del día a día.
La situación se agrava por un hecho clave: no tienen red familiar cercana. Su hijo vive en Madrid y no puede hacerse cargo, y en el entorno inmediato solo cuentan con apoyos puntuales de amistades y vecinos. “He vivido seis meses sola, me he ido arreglando con amigas”, relata Maribel, que ahora se encuentra prácticamente sin ayuda.
Ayuda con el cuidado diario
La mujer asegura que ha solicitado asistencia en distintos organismos sin éxito inmediato. “He llamado a todos los sitios…a instituciones, a la policía, al 112…. y no me pueden llamar”, lamenta, mientras insiste en la urgencia de contar con un auxiliar que le ayude en el cuidado diario de su marido.
El impacto del ictus ha sido devastador para Abel, que además presenta graves secuelas añadidas. Según relata su esposa, tiene movilidad muy reducida y complicaciones de salud que requieren atención constante. Además perdió un ojo como consecuencia de problemas de salud previos. La propia Maribel también sufre importantes limitaciones: es invidente total, por lo que hacerse cargo de su marido sola, le es muy complicado. Aunque «hace mas el que quiere que el que puede», nos dice.
«No quiero que vaya a una residencia»
Pese a todo, se resiste a la opción de una residencia. “Yo quiero estar con mi marido y cuidarlo yo”, afirma con firmeza, aunque reconoce que la situación la desborda por completo.
Durante la conversación con la emisora, la mujer resume el problema en una frase que refleja la crudeza del momento: “Desde ayer lo estoy cuidando yo sola… y no puedo más”.
Cuidados básicos dignos
El caso ha sido difundido con el objetivo de visibilizar la situación y acelerar una respuesta de los servicios sociales. La petición es clara: la llegada urgente de una asistenta domiciliaria que permita garantizar unos cuidados básicos dignos para ambos. Una historia que pone el foco en la fragilidad de muchas personas mayores que, sin red familiar y con problemas graves de salud, quedan al límite de sus posibilidades mientras esperan una ayuda que a veces tarda demasiado en llegar.