La iglesia de Santiago Apóstol de Ribota de Ordunte lleva décadas siendo mucho más que un edificio para los vecinos del Valle de Mena. Entre sus muros se han celebrado bautizos, bodas, funerales y generaciones enteras han construido parte de su historia. Ahora, ese símbolo del pueblo atraviesa uno de los momentos más delicados de su existencia.
El deterioro de la cubierta, las bóvedas y los muros de carga ha llegado a un punto en el que celebrar cualquier acto en el interior supone un riesgo para las personas. La restauración resulta urgente, pero la pequeña parroquia no dispone de los recursos necesarios para afrontarla en solitario.
Una oportunidad que depende de la solidaridad
Existe, sin embargo, una esperanza. La parroquia puede acceder a una subvención pública que asumiría el 80% del coste de las obras. Para conseguirla debe aportar el 20% restante, una cantidad que asciende a 20.000 euros y que resulta inasumible para una comunidad con muy pocos vecinos y prácticamente sin ingresos.
Por ese motivo, el párroco del Valle de Mena, Ramón Gómez Ruiz, ha lanzado un llamamiento a la solidaridad. La campaña anima a colaborar con cualquier cantidad, desde pequeñas aportaciones, con la convicción de que la suma de muchos gestos puede evitar que se pierda una parte del patrimonio y de la memoria colectiva.
Además de las donaciones económicas, la parroquia pide ayuda para difundir la iniciativa. Compartir el mensaje puede ser, aseguran, la forma de llegar a la persona que permita completar la financiación necesaria.
«Hay lugares que son mucho más que piedras y muros. Son la memoria de un pueblo, la fe de generaciones y el corazón de una comunidad», recuerda el llamamiento, que concluye con un mensaje de esperanza: entre todos todavía es posible salvar la iglesia para las generaciones futuras.