La paciencia de los vecinos de Larrabasterra, en Sopela, se ha agotado. Lo que comenzó hace meses como la aparición puntual de algunos roedores se ha convertido, según denuncian, en una auténtica plaga. Aseguran que llevan más de medio año avisando de la situación sin que las actuaciones realizadas hayan conseguido poner fin al problema.
María Jesús, una de las vecinas afectadas de la zona de Iberre, explica que la presencia de ratas es ya habitual y que los animales se mueven con total tranquilidad incluso a plena luz del día.
«Ya ni se asustan de la gente»
Según relata, las ratas aparecen tanto en los jardines como en las calles próximas y muchos vecinos han llegado a ver varios ejemplares al mismo tiempo.
«Desde mi ventana oigo incluso los gritos de la gente cuando las ve pasar. Antes salían corriendo, pero ahora ya ni se asustan», explica.
La vecina asegura que incluso ha comprado diferentes tipos de veneno para intentar controlar la situación por su cuenta. Al principio, dice, aparecieron varios ejemplares muertos, pero con el paso del tiempo la medida ha dejado de surtir efecto.
«Mi marido ya me dice en broma que, en vez de matarlas, las estoy engordando», comenta con resignación.
Obras y río, en el punto de mira
Los vecinos creen que el origen del problema podría estar relacionado con las obras que permanecen sin finalizar en las inmediaciones de Larrabasterra, junto al cauce del río. Según explican, los movimientos de tierra habrían desplazado a los roedores hacia las zonas habitadas.
Aseguran que la presencia de ratas es especialmente visible en el entorno del río y que, desde allí, han ido extendiéndose hacia jardines, portales y calles del barrio.
«Las ratas no son nuestras»
Uno de los episodios que más ha indignado a los residentes tiene que ver con la respuesta que, según denuncian, recibieron al comunicar el problema.
María Jesús afirma que, al trasladar la situación, le indicaron que los jardines eran de propiedad privada.
«La respuesta fue que los jardines eran nuestros. Y yo contesté que los jardines podrán ser nuestros, pero las ratas no«, relata.
Los vecinos insisten en que han comunicado la situación en numerosas ocasiones y consideran que el problema ha alcanzado un nivel que requiere una actuación urgente por parte de los servicios municipales.
Preocupación por la salud y la convivencia
Aunque hasta el momento no se han registrado incidentes con personas, los residentes muestran su preocupación por las posibles consecuencias sanitarias y por la convivencia diaria. Explican que las ratas son cada vez más numerosas y de gran tamaño, lo que ha generado inquietud entre quienes viven en la zona.
Ahora esperan que su denuncia sirva para acelerar una solución definitiva y que se lleven a cabo labores de desratización que permitan recuperar la tranquilidad en el barrio de Iberre, donde aseguran que convivir con los roedores se ha convertido ya en una preocupación cotidiana.