Del kaixo y agur al C1 en tiempo récord: Mario, el santanderino que ha aprobado el EGA en dos años

Mario Castaño ha descubierto en el euskera una de sus pasiones y le gustaría dirigir su futuro laboral hacia el idioma
Mario Castaño en las Bárdenas Reales. / Cedida

Cuando Mario Castaño llegó desde Santander a Bilbao en 2015 para estudiar la carrera de Periodismo en la EHU no se imaginaba que, once años después, iba a estar pensando en comenzar con el C2 de HABE, un nivel destinado principalmente a los profesores de euskera en euskaltegis o institutos de Modelo D.

«Me gustaría enfocar mi futuro laboral a algo relacionado con el euskera. No sé si en algún momento podré ser profesor de euskaltegi o si me animaré a dar el salto a institutos, pero sí que querría estar relacionado con el euskera», afirma Castaño a Radio Nervión. Y es que no habrá muchas personas que tengan una historia como la suya en Euskal Herria, ya que en poco menos de dos años ha pasado de no saber prácticamente nada de euskera a sacarse el C1, título de HABE equivalente al EGA.

«Cuando estuve estudiando la carrera viví los cuatro años en Bilbao y no aprendí nada de euskera. Seguramente porque estudié en castellano y no me movía en un entorno tan euskaldun, en el que es normal que la gente no lo hable tanto. Aprendí a decir kaixo, agur y poco más. En ese momento igual estaba más centrado en la carrera y no le di tanta importancia», asegura.

Lo que le hizo cambiar de chip fue una experiencia laboral que tuvo en 2024, cuando el Gobierno Vasco le llamó para cubrir una baja con un contrato corto en Vitoria-Gasteiz, ciudad en la que reside actualmente. «En el mundo laboral sí que tuve algo más de contacto con el euskera. Es verdad que aquí no se habla mucho, pero yo tenía compañeros de trabajo que eran de Gipuzkoa y en los descansos hablaban en euskera. Muchas veces estaba con ellos y tenían que pasarse a hablar en castellano para que lo entendiese y no me sintiese excluido. Y a mí me sabía fatal que un grupo mayoritario tuviese que cambiar de idioma porque una persona no lo conocía y les decía que siguiesen hablando en euskera», afirma.

Mario Castaño en un baserri (Foto: Cedida).

No tiene reparos en admitir que el hecho de que la administración pondere los perfiles de euskera para poder acceder a puestos de trabajo tuvo mucho peso en su decisión de apuntarse a un euskaltegi para conocer el idioma. «En octubre me matriculé en el A1. Una semana antes se me había acabado el contrato, y como no sabía si me iban a volver a llamar, me apunté a un intensivo de cinco horas diarias. Como seguían sin llamarme para trabajar, continué en el euskaltegi y en diciembre ya estaba en el A2. En enero lo aprobé y en febrero ya empecé con el B1, continuando con el mismo intensivo de cinco horas», explica.

Lo que para muchos es un suplicio acabó despertando en Mario un gusanillo y una pasión que no sabía que tenía. Y además de las cinco horas de clase, siguió profundizando. «Por mi cuenta metía horas. Veía series, salía a correr y escuchaba algún podcast… He invertido bastante tiempo de trabajo personal. Siempre me ha gustado aprender idiomas, pero para mí el euskera tenía algo especial«,  añade.

No obstante, estudiar euskera también le ha permitido reconectar con las raíces vascas de su familia materna. Goyenechea es su segundo apellido, y como él mismo nos cuenta, sus ancestros son de Bermeo. Su abuelo, nacido en Santander, nunca llegó a hablar euskera, por ejemplo.

Finalmente, en junio de 2025 consiguió sacarse el B1, primero por la escuela de idiomas y después por HABE. Y en julio encontró trabajo. Ninguna de las dos cosas frenó su ímpetu por seguir aprendiendo euskera y durante el verano siguió con algunos cursos «que ya no eran tan intensivos, pero servían para mantener el nivel y fijarlo». También para «preparar un poco el examen de B2«, aunque como él mismo afirma «no tenía mucha expectativa de aprobarlo porque me parecía muy pronto e iba menos horas, estudiando por la tarde». Y por supuesto, siguió profundizando por su cuenta con el euskera.

Aún así, en octubre del 2025 se presentó al examen del B2, tanto por HABE como por el IVAP, y aprobó tanto el oral como el escrito a la primera. «En un año y un mes había logrado lo que me servía para trabajar en la administración. Pero yo tenía pensado continuar porque esto ya no era un objetivo profesional. Yo ya lo veía como una afición más y decidí continuar con ello», asevera.

Por eso mismo decidió apuntarse al C1. «Iba menos horas, dos veces a la semana tres horas. No tenía expectativas de sacarme el C1 tan pronto, porque sabía que el salto desde el B2 era muy grande. Pero quería seguir mejorando y, cuando estaba en clase, no me veía falto de nivel. De hecho, me veía con bastante buena base de gramática porque lo tenía todo muy fresco y creía que, como mínimo, tenía opciones de aprobar el examen escrito».

Su pareja y un compañero de trabajo, sus apoyos para vivir el euskera

Además de encontrar trabajo, en el verano del 2025 también conoció a su pareja, gernikarra de nacimiento y que ha sido un gran apoyo para seguir inmerso en el idioma. «Con ella tengo la oportunidad de vivir en euskera, de poder hablarlo y practicarlo más allá de las dos veces a la semana que iba a clase. Ya es diferente, vas ganando confianza y sientes que no estás yendo a clase o estudiando para aprobar un examen: estás viviendo una lengua, con todo lo que eso implica. Ahora hasta entiendo algo el bizkaiera, aunque no me atrevo a hablarlo».

También agradece el apoyo que le ha brindado un compañero de trabajo: «Desde el principio me dio la oportunidad de hablar con él en euskera y he aprendido mucho gracias a él. Siempre que quedábamos, desde que se enteró que estaba estudiando euskera, me dio la oportunidad de hablarlo y practicarlo con él».

Poder hablar y convivir en euskera le ha permitido dar otro empaque a toda la gramática que ha aprendido en el euskaltegi. «Aunque, como digo, mi base era bastante buena, notaba que lo que igual podía faltarme era un poco más de fluidez a la hora de hablar», afirma.

El objetivo de Mario, seguir progresando con el euskera

En febrero de este año aprobó la prueba interna que se hace en el propio euskaltegi para conocer el nivel. Sumado a un innegable espíritu aventurero, le hizo querer probar la experiencia de hacer el examen del C1.

«Primero me matriculé por libre en la escuela de idiomas de Irún, porque era el único sitio en el que quedaban huecos. Y por tener un segundo intento, también me matriculé en HABE. Aprobé el examen escrito de la escuela de idiomas y en junio fui a hacer el ahozko y lo aprobé también».

Aún teniendo el título de la escuela de idiomas, también se presentó al examen de HABE y lo aprobó. «El B1, el B2 y el C1 los tengo repetidos«, bromea.

Teniendo ya el EGA, y queriendo orientar su futuro laboral al euskera, el objetivo de Mario a corto plazo está claro. «Mi intención es seguir mejorando e intentar seguir aprendiendo euskera. Sigo por mi cuenta escuchando cosas, leyendo y hablando en euskera con mi chica. En septiembre me apuntaré en algún curso, no con la intención de preparar el C2 porque eso sé que ya lleva años, pero por seguir formándome. Aunque tampoco lo descarto. Igual empezando de cero también consigo sacarme el C2, solo el tiempo lo dirá«, concluye.


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