Cuatro «hijos del Athletic» levantaron el más prestigioso y deseado trofeo futbolístico: la Copa del Mundo. Un reconocimiento, también, al trabajo artesano de Lezama.
Lezama, prestigiada por el éxito de sus «Leones» (quizá en el Mundial más duro jamás disputado, aunque no por ello el más brillante), tiene ahora la oportunidad de reflexionar sobre lo acontecido. El éxito es un excelente lugar para hacerse preguntas.
Si reducimos el foco y ponemos la mirada en los nuestros, hay muchas preguntas que hacerse. Es un viaje hacia el aprendizaje. Porque, al observar sus comportamientos, descubrimos expresiones distintas de las que habitualmente manifiestan en el Athletic.
Unai Simón, cuatro porteros en uno
Arconada, Casillas, Iribar y Zubizarreta son los referentes nacionales más destacados de la historia reciente de nuestro fútbol. Unai Simón ha fundido sus virtudes en una sola figura, trascendiendo perfiles para convertirse en uno de los porteros más completos de la historia de nuestro fútbol.
En el Athletic mostró su capacidad «bajo palos», su eficiencia en el límite de las acciones y también su destreza para iniciar contraataques a través de sus reanudaciones.
Con la Selección Española ha exhibido, además, un dominio extraordinario del área grande. Su habilidad para descolgar balones aéreos libera de trabajo a sus defensores. A ello suma su dominio del juego con los pies y unas eficientes tomas de decisión, apoyadas en un alto nivel de destreza técnica que facilita ventajas en la «construcción del juego».
Pero no debemos pasar por alto lo más complejo y diferencial. Su conocimiento del juego le permite mantener una relación espacio-temporal adecuada con su «línea defensiva», anticipándose e interviniendo de manera preventiva para corregir errores. Así evita que sus compañeros tengan que intervenir en la «mesa de quirófano» que representan los límites del área grande y la portería.
Arconada, Casillas, Iribar y Zubizarreta se han convertido en un solo ser en la figura de Unai Simón.
Laporte y otra forma de defender
Laporte, de quien ya contábamos con acontecimientos e información previa, también ha modificado sus conductas habituales respecto a las que muestra en el Athletic.
Las herramientas colectivas, pero sobre todo la interacción con diferentes nombres propios, condicionan su expresión en el juego. No podría ser de otra forma.
El Athletic, a grandes rasgos, lo expone a «defensas alejadas» mediante el uso habitual del «pressing en campo rival». Esta herramienta conlleva repliegues y obliga a adoptar conductas más individuales cuando no se consigue robar y el oponente es capaz de progresar en el juego.
La Selección elige otra herramienta, basada en la interpretación y el uso de la regla 11, para dar respuesta al «no robo» en campo contrario. Se trata de eliminar rivales «caminando hacia adelante», con la garantía que supone tener a Unai Simón a la espalda de todos, corrigiendo.
Menos retrocesos. Menos interacciones en su propia área. Menos duelos con el oponente.
Lo más llamativo del comportamiento de Laporte, especialmente a ojos del espectador, aparece en su participación en el «juego de ataque».
En la Selección dispone de más «presencia» y participación en relación con uno de los objetivos habituales del equipo nacional: disponer de la pelota. En la búsqueda de ese objetivo, «defensores centrales y primeros centrocampistas» participan recurrentemente bajo la responsabilidad de conquistar, mediante sus tomas de decisiones, ventajas que permitan hacer progresar el juego en profundidad.
Es ahí donde Laporte brilla con esplendor.
El Athletic, que no persigue largos procesos de posesión y que mezcla «especialistas» con cualidades distintas, no permite observar con la misma claridad esa manifestación del central en el juego.
Nico, la madurez frente a la adversidad
Nuestros dos últimos protagonistas merecen otro tipo de análisis, centrado en la observación de los intangibles.
La desgracia, en forma de lesión, se ha cebado con Nico esta temporada y ha reducido a lo anecdótico sus minutos de participación. Aun así, ha sido determinante en varios momentos gracias a su talento. Esta situación hace inútil cualquier tipo de análisis futbolístico coherente sobre su rendimiento global.
La realidad de Nico, distorsionada muchas veces por conclusiones superficiales producto de miradas malintencionadas, subjetivas o banales, no empaña la constatación de haber presenciado un proceso que parece estar haciendo madurar a nuestro futbolista más talentoso y diferencial de la línea de ataque.
Nico ha mostrado resiliencia, perseverancia y disciplina frente a la adversidad.
Su permanente sonrisa no debe llevarnos a conclusiones frívolas. Más bien al convencimiento de estar ante un tipo que afronta los problemas con la actitud correcta. Sus actos demuestran madurez y son un ejemplo para los jóvenes.
Luis de la Fuente y el liderazgo desde la humildad
Dejo para el final al seleccionador, más cercano al Athletic de lo que parece.
Luis ha construido un liderazgo ejemplar desde la humildad, la educación, la cortesía y las buenas maneras. Lo ha hecho, además, en circunstancias en las que contaba con poca o nula credibilidad en determinados sectores de su entorno.
Ha conseguido conquistar la auctoritas sustituyendo a la potestas.
Hoy ya afronta el próximo reto: no morir de éxito.
La oportunidad de aprender
Reflexionar no es copiar. Tampoco juzgar ni calificar.
La búsqueda del aprendizaje requiere disposición al conocimiento, sin limitantes ideológicos ni juicios de valor.
Aprender. Esa es la gran oportunidad que deja este Mundial en Lezama.
Hacerse preguntas en la búsqueda de un conocimiento complementario que multiplique el existente. Sin pretender sustituirlo. Sin compararlo. Pero tampoco sin «enrocarse» en antiguas creencias, recetas del pasado o modas de última generación.
El éxito también puede ser un punto de partida.
Y quizá este Mundial haya dejado a Lezama algo más valioso que cuatro campeones del mundo: la oportunidad de observar, reflexionar y aprender de aquello que funciona fuera, para seguir construyendo desde dentro.
