Cada arranque de temporada de nuestro Athletic «nos llena de orgullo y satisfacción» que diría el émerito, y también de ilusión. El problema es que la ilusión nos duró 11 minutos, los que tardó en ser expulsado Yuri ante el Sevilla, y que mandaron la hoja de ruta del equipo a tomar pos saco.
Tres jornadas han bastado para dejar un poco de todo. Un partido condicionado por una expulsión, una visita al Camp Nou en la que vimos la misma película de los últimos 25 años, y por fin, una victoria en Balaídos que permite respirar y, sobre todo, empezar a intuir qué quiere Edin Terzic de este equipo.
Porque quizá esa sea la mejor noticia después de este arranque: empiezan a verse cositas.
De Sevilla al Camp Nou, pasando por el dentista
El estreno ante el Sevilla tuvo trampa. La expulsión de Yuri cambió completamente el guion y obligó al Athletic a jugar prácticamente todo el partido con un futbolista menos. No es sencillo analizar un equipo en esas condiciones.
El árbitro, el CTA sacando las vergüenzas, el comité de apelación haciendo el ridículo y la madre que los parió se convirtieron en los protagonistas de una primera velada a la que no habían sido invitados.
Y después llegó la visita al Spotify.
La visita al equipo de Negreira era, utilizando una expresión muy futbolera, una visita al dentista. De esas en las que sabes que probablemente vas a pasarlo mal y en las que salir con algún golpe entra dentro del guion.
El Athletic no encontró allí su mejor versión, pero tampoco creo que tenga demasiado sentido dramatizar un tropiezo en un escenario así. El problema habría sido pensar que el equipo iba a resolver todas sus dudas de golpe y porrazo precisamente en Barcelona.
Y entonces apareció Balaídos.
Y ahí sí.
«El árbitro, el CTA sacando las vergüenzas, el comité de apelación haciendo el ridículo y la madre que los parió se convirtieron en los protagonistas de una primera velada a la que no habían sido invitados.»
La victoria ante los celtiñas no debería convertirse en una fiesta desmedida, pero sí merece ser valorada.
Porque más allá de los tres puntos, hubo algo diferente. Se empezó a ver un Athletic con algunas de las señas que parece buscar Terzic: un equipo más reconocible, con intención, con momentos de presión, con capacidad para correr y, sobre todo, con una idea que empieza a trasladarse del discurso al césped. Y qué demonios, hacía tiempo que no veíamos un Athletic así, y menos fuera de casa.
Todavía queda muchísimo trabajo. Sería absurdo pensar lo contrario después de tres jornadas.
Pero hay una diferencia enorme entre decir que un entrenador necesita tiempo y comprobar que, poco a poco, el equipo empieza a parecerse a lo que quiere su míster.
Y eso es precisamente lo que permite mirar al futuro con cierto optimismo.
Ahora bien, sería demasiado sencillo hablar solamente de fútbol.
Porque el Athletic ha comenzado la temporada con un ruido alrededor del vestuario y de la directiva que no beneficia absolutamente a nadie.
La relación entre jugadores y club sigue teniendo asuntos pendientes de resolver y el momento más incómodo llegó después del partido ante el Barcelona, cuando los futbolistas no comparecieron ante los medios.
No es una imagen habitual en el Athletic. Y precisamente por eso llamó tanto la atención. Agur, paz social.
Aquí no se trata de buscar buenos y malos ni de alimentar una guerra que, sinceramente, al Athletic no le interesa. Hay diferencias, hay cuestiones que deben solucionarse y, cuanto antes se haga, mejor para todos.
Porque el Athletic necesita que el foco vuelva a estar donde tiene que estar: en la pelotita.
Un vestuario enfrentado a la directiva no ayuda. Una directiva enfrentada a sus jugadores tampoco. Y una afición obligada a elucubrar cada gesto, cada silencio o cada declaración mucho menos.
Hay que sentarse, hablar y cerrar este capítulo. ¡Que ya somos mayorcitos!
«Aquí no se trata de buscar buenos y malos ni de alimentar una guerra que, sinceramente, al Athletic no le interesa. Hay diferencias, hay cuestiones que deben solucionarse y, cuanto antes se haga, mejor para todos.»
Y luego está el mercado.
Se ha cerrado una ventana de fichajes en la que el Athletic ha hecho algo que quizá no genere grandes titulares, pero que también era necesario: aligerar la plantilla.
Las cesiones de Adama y Gorosabel y la rescisión de contrato de Vencedor han reducido efectivos y, al mismo tiempo, han permitido encontrar acomodo a futbolistas que necesitaban minutos o un cambio de escenario.
En cuanto a las incorporaciones, el mercado rojiblanco ha tenido un marcado carácter de presente y futuro.
El regreso de Peio Canales, tras su gran temporada en el Racing, era una de las noticias más interesantes, aunque ahora mismo haya quedado frenada por su lesión. Y junto a él, Gerenabarrena y Hugo Rincón representan también esa apuesta por jugadores que pueden terminar teniendo protagonismo en un Athletic que necesita seguir alimentando su propia cantera.
No ha sido un mercado para sacar pecho ni para generar fuegos artificiales.
Ha sido, más bien, un mercado para ordenar la casa.
Y quizá eso sea exactamente lo que necesitaba el equipo.
El Athletic tiene demasiados asuntos abiertos.
Tiene que resolver su relación con los jugadores, tiene que seguir adaptándose a un entrenador con una idea diferente, tiene que integrar a los nuevos y tiene que conseguir que los resultados acompañen.
Pero después de Sevilla, Barcelona y Vigo, al menos ya tenemos una primera pista.
En Balaídos apareció un Athletic que puede empezar a parecerse al que quiere Terzic.
Y eso, en una temporada que ha comenzado con tanto ruido, no es poca cosa.
Ahora toca dejar que el fútbol hable.
Porque las expulsiones pasan. Las derrotas en el Camp Nou pueden entrar dentro de la lógica. Los mercados se cierran. Las discusiones internas se tienen que resolver.
Pero al final, cuando llega el finde, cuando rueda el balón y cuando San Mamés vuelva a apretar, lo único que de verdad importa es decir: «coño, ese es mi Athletic».
Y en Vigo, por primera vez esta temporada, empezamos a reconocerlo.
