A Justo Izaguirre le acompañó el Athletic durante prácticamente toda su vida. Desde que se hizo socio hasta convertirse en el número uno de la entidad, fueron pasando generaciones de jugadores, presidentes, entrenadores y aficionados, pero su sentimiento por el club permaneció intacto hasta el final.
Justo, socio número uno del Athletic Club, ha fallecido a los 104 años. El club rojiblanco ha trasladado sus condolencias a familiares y amistades de quien se había convertido, por edad y por historia, en uno de los símbolos más entrañables de la fidelidad al Athletic.
Su historia estaba ya unida a la del club de una manera muy especial. Más de un siglo de vida da para conocer muchas épocas del Athletic, celebrar victorias, sufrir derrotas y ver cómo el fútbol y la propia sociedad cambiaban alrededor. Justo siguió siempre ahí, con su carnet de socio como hilo conductor de una relación que parecía no tener fecha de caducidad.
Un centenario muy especial
El Athletic quiso acompañarle de una manera especial cuando cumplió cien años. En 2022, sus nietos, nietas y el resto de su familia prepararon, con la complicidad del club, una sorpresa en Lezama que terminó convirtiéndose en un homenaje a toda una vida rojiblanca.
Aquel día pudo compartir unas horas muy especiales con el presidente Jon Uriarte, los capitanes Iker Muniain, Óscar de Marcos e Iñaki Williams y el entrenador Ernesto Valverde. El encuentro sirvió para poner rostro y emoción a una historia que iba mucho más allá de un número de socio.
Cuatro años después de aquel centenario, el Athletic vuelve a acordarse de Justo. Los dos primeros equipos, masculino y femenino, portarán brazaletes negros en sus compromisos ligueros de este fin de semana como muestra de respeto y recuerdo hacia su socio número uno.
Queda ahora su nombre en la memoria del club y, sobre todo, en la de quienes tuvieron la suerte de conocerle. Justo se marcha después de 104 años, pero deja una de esas historias que explican mejor que cualquier discurso qué significa ser del Athletic: estar, permanecer y seguir sintiendo los colores generación tras generación.
Su carnet llevaba el número uno. Su historia, en cambio, ocupa un lugar mucho más grande en la memoria rojiblanca.
