El circuito urbano de Madring debutará este fin de semana en la Fórmula 1. La ciudad de Madrid consigue así una pretensión que ansiaban desde hace tiempo, y que nos ha hecho recordar una de las bilbainadas más ilustres y recordadas de la ciudad de Bilbao: el Bilbao Urban Circuit que paralizó la Villa durante varias semanas hace más de dos décadas.
Año 2004. Fernando Alonso comienza a ser uno de los nombres más destacados de la Fórmula 1 y en los bares se debate sobre paradas en boxes, composición de neumáticos o de conceptos aerodinámicos. Paralelamente, la ciudad de Bilbao prosigue su proceso de modernización y de apertura al mundo. Jaime Alguersuari, de la empresa RPM Racing, consigue convencer a Iñaki Azkuna y la corporación municipal para que la Villa sea una de las sedes de las Renault World Series en el verano de 2005 y, en un principio, para otras dos ediciones más (2006 y 2007). Aunque en aquél momento no se dijera públicamente, con la boca pequeña más de un bilbaíno soñaba con la posibilidad de que las World Series serían el aperitivo de la Formula 1 y que, tarde o temprano, ‘El Gran Circo’ se acabaría instalando en Bizkaia.
El circuito serviría para mostrar, precisamente, muchos de los avances urbanísticos de la ciudad en la última década. Principalmente el Museo Guggenheim, pero también otros edificios emblemáticos como la Universidad de Deusto o el Puente de Euskalduna, que se vendió precisamente como uno de los aspectos más innovadores y atractivos de la carrera. El de Bilbao sería el único circuito con un puente en curva del mundo.
La parrilla de salida y los boxes se situaban en la explanada de Botica Vieja. Tras una chicane, se enfilaba hacia la Universidad de Deusto por la Avenida Universidades para dar la vuelta hacia el Puente de Deusto, que se atravesaría con el Guggenheim hacia el fondo. Desde allí, se avanzaba hacia el Museo de Bellas Artes por la Avenida Lehendakari Aguirre y la calle Máximo Aguirre para girar hacia la Gran Vía. Otra chicane viraba al Paseo Don José Anselmo Clave, para luego tomar la rotonda del Sagrado Corazón y avanzar hacia el Puente Euskalduna. Un recorrido de cuatro kilómetros por los márgenes de la Ría y que, según Alguersuari, estaba inspirado en el Circuito de Montecarlo (!!!). Sin lugar a dudas, también se dejó imbuir por el espíritu bilbaíno.

Las molestias a los vecinos de Bilbao
Obviamente, para que Bilbao se convirtiera en un circuito de carreras, hubo que llevar a cabo unas obras de adecuación que sufrieron de primera mano los vecinos de Abandoibarra y Zorrozaurre, que convocaron distintas manifestaciones para mostrar su descontento durante el mes en el que se prolongaron estas labores.
Por ejemplo, las vallas de hormigón que encajonaban el trazado del circuito por algunas de las calles más céntricas de Bilbao obligaron a los vecinos de la zona a realizar esfuerzos para cosas tan rutinarias como sacar la basura o cruzar al otro lado de la acera. También levantaron la voz desde sectores de la hostelería, ya que las medidas de seguridad también quitaron la visibilidad de algunos negocios, que incluso optaron por cerrar sus puertas durante varios días. Incluso el urbanismo de Bilbao sufrió varios cambios latentes. Por ejemplo, el jardín romántico situado en la Plaza Darío de Regoyos se demolió para instalar una chicane, como también desaparecieron las pistas de skate de Abandoibarra.
Pero las principales quejas se produjeron por el insoportable ruido de los vehículos y monoplazas durante los tres días (15-17 de julio) en los que se extendieron los entrenamientos y carreras de las Renault World Series. Porque además de los monoplazas de la Formula Renault, también hubo pruebas con otros turismos de la marca francesa. No obstante, los monoplazas superan con creces los 100 decibelios e incluso el ruido se hacía notar en las casas pese a tener las ventanas cerradas.
Un éxito de público y con un buen palmarés en lo deportivo
En pleno furor por la Formula 1, el Ayuntamiento de Bilbao y la Diputación de Bizkaia esperaban un éxito de público que, a tenor de las cifras oficiales, sí que se terminó dando. Las 25.000 primeras entradas que salieron a la venta entre 30 y 120 euros se agotaron en pocos días, por lo que la organización tuvo que sacar otras 5.000 más. Aunque durante el transcurso de las carreras se vieron bastantes asientos vacíos y huecos. Obviamente, en los balcones y ventanas por los que atravesaba el recorrido también se arremolinó una ingente cantidad de público difícil de cuantificar.
En lo estrictamente deportivo, y con la certeza que nos da el poder analizar unos resultados veinte años después, se puede afirmar sin ningún tipo de rubor que la prueba de las Renault World Series de Bilbao tuvo dos vencedores que escriben su nombre con letras brillantes en la historia del automovilismo: Robert Kubica -que encima militaba en el equipo vasco Epsilon Euskadi, doble éxito- y Will Power.
El polaco protagonizó una de las mayores historias de superación de la historia del deporte: tras sufrir un terrible accidente en 2007 -el Vaticano considera un ‘milagro’ del Papa Juan Pablo II que solo sufriera un esguince de tobillo después de que su coche chocase contra un muro- y otro en un rally en 2011, en el que se fracturó 42 huesos. Aún así, volvió a pilotar en la Formula 1 en el año 2019. Mientras que el australiano es uno de los mejores pilotos de la IndyCar estadounidense: campeón en 2014 y 2022, subcampeón en 2010, 2011 y 2012; tercero en 2015 y 2018, año en el que ganó las 500 Millas de Indianápolis.
Aún así, dejó cierto regusto amargo entre los presentes que Fernando Alonso no hiciera acto de presencia en la prueba. Cabe recordar que el asturiano corría para el equipo Renault y que entre la organización y el público existía un hilo de esperanza para que hiciera acto de presencia y diese una vuelta con su coche. Aunque finalmente no acudió, sí que lo hizo el R25, el vehículo con el que se proclamó campeón del mundo de Formula 1 ese mismo año. Fue el piloto probador Franck Montagny quien lo condujo, registrando la vuelta rápida del circuito y haciendo varios trompos para alegría de los presentes.
El piloto francés alzó la voz también el principal problema del circuito: lo bacheado que estaba el trazado. Pese a las labores de reasfaltado y de sellado de algunas alcantarillas, y a que los mecánicos tuvieran que adaptar las suspensiones de los vehículos, los bajos de los monoplazas sufrieron de lo lindo. Además, el trazado era muy estrecho -habitual en los circuitos urbanos- y era prácticamente imposible adelantar.
La ruptura del consenso político puso fin al Bilbao Urban Circuit
Como era de esperar, el Bilbao Urban Circuit protagonizó gran parte del debate político de la ciudad entre el 2004 y el 2006. Tras aprobarse el proyecto con la unanimidad -pese a algunas reticencias- de todos los partidos en 2005, y a que se catalogase como «un éxito» poco después de su celebración, pronto empezaron a surgir ciertas voces discordantes con la continuidad del proyecto.
Unas declaraciones de Txema Oleaga (PSE) catalogando el evento de «despilfarro» llevaron al rechazo posterior de Ezker Batua y Eusko Alkartasuna a la propuesta de que el evento se repitiera en 2006, tal y como aparecía en el contrato suscrito con la organización de las Renault World Series. Aunque se estudió alguna que otra propuesta para celebrar algún evento alternativo, en diciembre de ese mismo año, y sin consenso político, Iñaki Azkuna dio carpetazo definitivo al sueño automovilístico de Bilbao asegurando que «no es un proyecto estrella» y prefieriendo centrarse en las obras de Olabeaga y Abandoibarra.
Con un coste total de nueve millones de euros, y unos ingresos cercanos a los tres -principalmente por la venta de entradas-, en un pleno extraordinario del Ayuntamiento se cifraron en seis millones las pérdidas provocadas por las World Series. En dicha cantidad se incluía también la penalización que hubo que abonar a la organización por no cumplir el contrato en 2006 y 2007, aunque el consistorio señaló que de cara a las dos próximas ediciones estaban estudiando las ofertas de patrocinadores privados que ayudarían a mitigar esas pérdidas.
Así se puso fin a una bilbainada de una ciudad que quería mostrarse al mundo y que quizás se lanzó a la piscina demasiado pronto. Viendo lo mal que funcionó aquella aventura, es descabellado que pueda repetirse ahora. Pero lo cierto es que Bilbao parece mucho más preparada que antes para organizar grandes eventos tras la experiencia de la final de la Europa League, las dos ediciones de las finales de Rugby, la Grand Depart del Tour de Francia o el Mundial de baloncesto de 2014 y el partido entre los Philadelphia 76ers y el Bilbao Basket -celebrados en el BEC de Barakaldo-. Y encima la FIA parece ahora mucho más abierta que antes a que la Formula 1 se dispute en circuitos urbanos.
