Este 10 de septiembre se cumplen 40 años del asesinato de Dolores González Katarain, ‘Yoyes’, una de las figuras más significativas de la historia reciente del País Vasco. Fue la primera mujer que formó parte de la dirección de ETA. También una de las primeras en abandonar públicamente la organización, una decisión que acabó costándole la vida.
Su asesinato, cometido el 10 de septiembre de 1986 en Ordizia, su localidad natal, conmocionó a la sociedad vasca. Yoyes fue tiroteada mientras paseaba durante las fiestas del municipio junto a su hijo de tres años, en una acción que marcó un antes y un después en la percepción social del terrorismo.
Una decisión que rompió con ETA
Dolores González Katarain ingresó en ETA siendo muy joven y llegó a ocupar puestos de responsabilidad dentro de la organización. Sin embargo, con el paso de los años comenzó a cuestionar la deriva violenta de la banda.
Tras abandonar ETA, rehízo su vida lejos del País Vasco. Vivió en México, donde estudió Sociología y trabajó para Naciones Unidas. En 1985 decidió regresar convencida de que podía llevar una vida normal, pero la organización nunca aceptó su salida ni su rechazo a la violencia.
Su asesinato fue interpretado como un mensaje dirigido a cualquiera que pretendiera abandonar la banda o cuestionar su estrategia.
Un símbolo de la disidencia
Cuarenta años después, historiadores y expertos coinciden en que la muerte de Yoyes supuso un punto de inflexión. El crimen provocó una profunda conmoción y abrió un debate social sobre el alcance de la violencia de ETA, incluso contra quienes habían formado parte de la propia organización.
Con el paso del tiempo, su figura se ha convertido en un símbolo de quienes decidieron romper con el terrorismo y apostar por una vida alejada de la violencia, asumiendo un enorme coste personal.
El recuerdo, cuatro décadas después
El 40 aniversario de su asesinato vuelve a poner el foco en una de las páginas más dolorosas de la historia reciente de Euskadi. Instituciones, asociaciones y diferentes actos de memoria recuerdan estos días a Yoyes como una mujer que tomó una decisión difícil en un contexto marcado por el miedo y la violencia.
Su historia sigue siendo una referencia para comprender el impacto que tuvo ETA en la sociedad vasca y la importancia de preservar la memoria de las víctimas y de quienes se atrevieron a desafiar a la organización desde dentro.