La cultura vasca despide a Igor Arzuaga, un creador inquieto y multidisciplinar que falleció este martes a los 50 años. Músico, poeta y pintor, deja tras de sí una obra marcada por la sensibilidad y por una forma muy personal de entender el arte.
Nacido en Llodio (Álava) en 1976, Arzuaga destacó por su capacidad para moverse entre distintos instrumentos como el piano, la guitarra, el acordeón, el bajo o los teclados. Su música fue siempre una mezcla de estilos, con influencias del pop, el folk, el jazz y la canción de autor.
De Exkixu a una carrera propia llena de creatividad
Su camino musical comenzó muy joven. Con apenas 18 años se incorporó al grupo Exkixu, una de sus primeras experiencias profesionales, y más adelante colaboró con el cantautor Mikel Urdangarin.
A los 25 años inició su etapa en solitario con el disco “Argi izpi bat”, al que siguieron otros trabajos como Smog, El perro corredor, Lagun eroa o Una cabra en la escalera. A lo largo de su carrera publicó más de una docena de trabajos, manteniendo siempre una búsqueda artística alejada de etiquetas.
Un creador que no entendía el arte por separado
Más allá de la música, Igor Arzuaga encontró también una vía de expresión en la escritura y la pintura. Publicó varios poemarios y desarrolló una faceta artística ligada al dibujo y las artes visuales.
Para él, música y poesía iban de la mano. Sus canciones hablaban de emociones, recuerdos, amor, soledad y del paso del tiempo, con una mirada íntima y cercana.
Una huella que permanece en la cultura vasca
Su inquietud artística le llevó incluso a viajar y tocar en lugares como París o Nueva York, experiencias que alimentaron su manera de entender la música como un punto de encuentro con las personas.
Igor Arzuaga deja una trayectoria de más de tres décadas dedicada a crear y una obra que seguirá viva a través de sus discos, sus poemas y sus dibujos. Un legado de un artista que hizo de la sensibilidad su principal instrumento.