Hay historias que no caben en un titular. La de Yassine es una de ellas.
Tiene estudios universitarios, habla varios idiomas, estudia actualmente en la Escuela Oficial de Idiomas de Deusto y no pide dinero. Solo busca una habitación de alquiler para dejar de dormir en el coche que se ha convertido en su hogar desde hace más de un año.
Su historia, compartida en un grupo vecinal de Basauri, ha despertado decenas de reacciones y ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad incómoda: la de personas que, tras recorrer miles de kilómetros huyendo de la persecución o de la guerra en busca de una vida mejor, terminan viviendo en la calle —o, en su caso, dentro de un pequeño turismo— pese a querer trabajar y reconstruir su futuro.
«Fui golpeado por la policía y tuve que marcharme de mi país»
Yassine El Khasmi nació en Casablanca, en Marruecos, en el seno de una familia donde la educación ocupaba un lugar central. Su padre era profesor universitario e investigador y, tras terminar el Bachillerato de Ciencias, su vida dio un giro en 2011.
Participó en las movilizaciones del Movimiento 20 de Febrero, que reclamaba reformas democráticas y mayores libertades para la población marroquí. «Fui golpeado y agredido físicamente por la policía durante una manifestación y me vi obligado a abandonarla», relata.
Lejos de dejar atrás su compromiso, continuó expresándose a través del arte. Dibujaba, pintaba y componía canciones críticas con la situación política de Marruecos. Aquello, asegura, provocó nuevos episodios de hostigamiento policial.
«Por miedo a mi seguridad, trabajé durante años en un ‘call center’ para ahorrar dinero y poder marcharme a estudiar al extranjero.»
Una nueva vida en Ucrania que terminó con otra guerra
En 2016 consiguió trasladarse a Ucrania para estudiar Farmacia en la Universidad Médica Estatal de Zaporizhzhia.
Allí continuó desarrollando su faceta artística. Tocaba la guitarra en la calle y, a partir de 2019, empezó a componer canciones de protesta en dariya marroquí denunciando la represión que sufría su pueblo.
Esas canciones las interpretó en ciudades como Kiev, Odesa, Leópolis, Dnipro o Zaporizhzhia.
Pero en febrero de 2022 estalló la invasión rusa de Ucrania.
De nuevo tuvo que empezar de cero.
Suecia: el sueño que acabó con la quiebra de la empresa
Su siguiente destino fue Suecia, donde solicitó protección internacional.
Consiguió rehacer su vida. Encontró trabajo como técnico industrial en la fábrica de baterías Northvolt, en Skellefteå, y tras varios meses obtuvo un permiso de residencia y trabajo.
Parecía el comienzo de la estabilidad.
Sin embargo, en noviembre de 2024 la empresa quebró y perdió su empleo.
La legislación sueca le daba tres meses para encontrar otro trabajo que cumpliera los nuevos requisitos salariales exigidos para mantener el permiso de residencia.
No lo consiguió.
«Los nuevos requisitos hicieron imposible encontrar un empleo en tan poco tiempo. Me enfrentaba a una deportación inminente«, explica.
Basauri, un coche y una petición muy sencilla
Con el coche que había comprado mientras trabajaba en Suecia llegó a España en junio de 2025.
Desde octubre de ese año vive en su Honda Civic.
Actualmente se encuentra inmerso en el procedimiento extraordinario de regularización de personas extranjeras en España. Presentó su solicitud el pasado mes de abril y continúa a la espera de una resolución administrativa.
Mientras tanto, estudia español en la Escuela Oficial de Idiomas de Deusto e intenta seguir adelante. También es músico. Su guitarra le acompaña en este camino.
Hace unos días decidió contar públicamente su situación en un grupo vecinal de Basauri.
«Llevo más de ocho meses viviendo en Arizgoiti, en un coche pequeño, un Honda Civic. Me gustaría aprovechar este grupo para preguntar si alguien sabe de una habitación pequeña en alquiler. Soy soltero, sin hijos, limpio, ordenado y tranquilo. Muchísimas gracias por vuestra ayuda», escribió.
No pedía otra cosa.
Una publicación que ha generado solidaridad… y también debate
Su mensaje recibió numerosas respuestas de vecinos.
Algunas personas le recomendaron acudir a los servicios sociales municipales o a entidades como Cruz Roja y Cáritas para solicitar ayuda mientras encuentra una vivienda.
«Ojalá tengas suerte y encuentres algo en condiciones para dormir», le escribía una vecina.
Otros usuarios, sin embargo, mostraban su pesimismo sobre la posibilidad de encontrar una habitación asequible en Basauri en el actual contexto del mercado del alquiler, especialmente tras la declaración del municipio como zona tensionada.
Las respuestas reflejan también un debate habitual en torno a los recursos sociales y las dificultades de acceso a la vivienda, incluso para quienes desean trabajar y rehacer su vida.
Una historia que va más allá de una habitación
La historia de Yasin no pretende resumir el fenómeno migratorio ni representa todos los casos.
Es, simplemente, la historia de una persona concreta.
La de un joven que abandonó Marruecos tras denunciar la falta de libertades, que vio cómo una guerra truncaba sus estudios en Ucrania, que logró reconstruir su vida laboral en Suecia hasta que la quiebra de su empresa volvió a dejarle sin futuro y que hoy duerme en un coche en Basauri mientras espera poder regularizar su situación en España.
Su petición no habla de grandes aspiraciones.
Habla de algo mucho más básico: encontrar una habitación donde dormir, cerrar una puerta por la noche y volver a empezar.