Javier, ganadero de Karrantza confiesa en El Madrugador de Radio Nervión que el lobo le ha matado tres novillas y un becerro en quince días

Los afectados reclaman ayuda a la Diputación y advierten de que las pérdidas ponen en riesgo el futuro de sus explotaciones

Los ganaderos de Karrantza, hartos de los ataques del lobo

Imagen de la familia de Javier que viven de la ganadería en Karrantza / Radio Nervión

Los ganaderos de Karrantza aseguran estar hartos de los ataques del lobo. La preocupación crece entre quienes viven del ganado, que denuncian una situación cada vez más difícil de soportar, con pérdidas continuas de animales, incertidumbre y temor a nuevos ataques. Son vecinos que se conocen de toda la vida y que comparten una inquietud cada vez mayor: hoy le toca a uno, mañana puede ser otro.

Uno de los afectados es Javier, que tiene 150 cabezas de ganado en Karrantza. En apenas quince días ha perdido tres novillas de año y medio y un becerro. A estas pérdidas se suman potros nacidos en primavera, atacados hace aproximadamente un mes, y una oveja que murió el pasado sábado. Un goteo de bajas que, según relata, no da tregua a los ganaderos: «En quince días, tres novillas de año y medio y un becerro. De un mes atrás, potros nacidos en primavera. El sábado ha matado una oveja. Y es que no para», explica Javier, que describe una situación marcada por los disgustos diarios y la preocupación por sus animales.

Los afectados aseguran que la frecuencia de los ataques les impide trabajar con tranquilidad. La incertidumbre se ha instalado en el día a día de las explotaciones y la sensación de inseguridad aumenta ante la posibilidad de encontrar nuevos animales muertos.

«Cien por cien el lobo»

Los ganaderos sostienen que su experiencia con el ganado les permite reconocer las señales que dejan los ataques. Aseguran que identifican la forma de actuar del lobo y que, posteriormente, el biólogo confirma la causa.: «Cien por cien el lobo, luego vemos las pisadas», afirma Javier.

La preocupación no se limita a las pérdidas que ya se han producido. Los ganaderos explican que tampoco siempre pueden recoger todos los animales en las cuadras, por lo que siguen expuestos a nuevos ataques. La situación les obliga a convivir con una incertidumbre constante sobre la seguridad de sus reses. Javier cuenta con un seguro y puede recibir una compensación cuando se confirma que el responsable de la muerte de un animal ha sido el lobo. Sin embargo, considera que las indemnizaciones no solucionan el problema de fondo. La pérdida de una res no supone únicamente un perjuicio económico inmediato: también afecta a la capacidad de reproducción y de recría de la explotación, dos aspectos fundamentales para mantener la actividad en los próximos años: «Eso no es solución. Me quedo sin cría, sin recría. No voy a tener de cara al futuro», lamenta. La preocupación de los ganaderos es que las bajas acumuladas terminen comprometiendo la continuidad de sus explotaciones, después de años de trabajo e inversión.

Reclaman que la Diputación se implique

Ante esta situación, los afectados reclaman una mayor implicación de la Diputación. Según aseguran, todavía no han mantenido una reunión con la institución para abordar el problema y trasladar sus preocupaciones. Piden que se les escuche, que se les ayude y que se busquen soluciones que les permitan seguir trabajando y mantener sus explotaciones.

Insisten en que detrás de cada animal hay una inversión y un esfuerzo que se prolongan durante años. Son familias que viven del ganado y que ven cómo las pérdidas afectan tanto a su economía como a sus planes de futuro. Por eso consideran que la respuesta no puede limitarse a compensar económicamente cada ataque una vez que se ha producido. El desgaste también es personal. La repetición de los ataques, la incertidumbre y la falta de garantías sobre el futuro hacen que algunos ganaderos se planteen cómo continuar con una actividad que exige dedicación diaria e inversiones constantes.

Javier resume ese desánimo con una frase que refleja la preocupación de quienes viven del campo en Karrantza: «El lobo quita la ilusión de seguir con los animales». Mientras tanto, los ganaderos afectados esperan respuestas y medidas que les permitan proteger sus reses y garantizar la continuidad de sus explotaciones. Una reivindicación que va más allá de las pérdidas sufridas hasta ahora: lo que reclaman es poder seguir viviendo de su trabajo y mirar al futuro con mayor seguridad.


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