«El metro removió nuestros cimientos, pero conectó el barrio con el resto de la ciudad»

San Ignacio, el barrio que resistió las obras del Metro y hoy late como eje de conexión entre la Margen Izquierda y el centro de Bilbao

Este 11 de noviembre se cumplen tres décadas desde que el Metro de Bilbao inició su servicio en la Villa, un trayecto que empezó bajo el estruendo de las obras, con vecinos de barrios como San Ignacio que vivieron de cerca los efectos de la excavación de túneles, y que ha culminado convirtiendo ese mismo suburbano en un motor de conexión, comercio y vida vecinal.

«Los suelos se partían por la mitad»

Durante las obras de construcción del metro, el barrio de San Ignacio soportó jornadas traumáticas para muchas familias. “Seguimos teniendo hasta grietas”, relata Carmen, comerciante del barrio: “de hecho a mi madre le tuvieron que vaciar la tienda…” La maquinaria pesada, los camiones de hormigón, las vibraciones de los pilares, crearon un entorno de constante inestabilidad: “Los suelos se partían por la mitad… hubo mucha gente que tuvo que irse a dormir a hoteles porque parecía que el edificio se caía”, recuerda esta voz del comercio local.
Otra vecina, Marisa, no olvida aquellos días: “Mi amiga Isabel vivía al lado de la comisaría… estando durmiendo les cayó una viga en la habitación de su hijo…, fue un milagro que no le ocurriera nada”.

Este tipo de situaciones —grietas, polvo, camiones, máquinas trabajando noche y día— se vivieron mientras los vecinos exigían medidas de protección, información y compensaciones.

De los sobresaltos a la comodidad

Han pasado muchos años de esa etapa de molestias y sobresaltos. Y aunque aún mantienen aquellos hechos en la memoria colectiva, la inauguración del metro significó un cambio radical. Desde su puesta en marcha el 11 de noviembre de 1995,  Metro Bilbao ha conectado barrios, impulsado el comercio local, reducido los desplazamientos y abierto paso a la transformación de todo el entorno urbano. Y en San Ignacio lo notaron de forma especial. Y esto se ha ido incrementando con el paso del os años y el incremento de líneas, ya que San Ignacio es centro neurálgico y punto de conexión entre las líneas 1 y 2.

La obra también generó movilización vecinal, pues el barrio reclamaba que se les informara adecuadamente, se redujeran los impactos y se protegiera el tejido comercial y residencial de San Ignacio frente a las consecuencias de una gran obra subterránea.

Un antes y un después

A pesar de las dificultades, el metro llegó al barrio y supuso un antes y un después. La puesta en marcha de la estación de San Ignacio como nodo de bifurcación de la red permitió al barrio una conexión más directa con otras partes de Bilbao y con la Margen Izquierda, mejorando la accesibilidad, dinamizando el comercio local y favoreciendo la comunicación con el resto de la ciudad. Esta es la historia del barrio que resistió el polvo y las vibraciones, y de una ciudad que entendió que el metro era algo más que transporte: era el latido de su transformación.


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