Adela Sadia cumple 107 años en Bilbao rodeada de su familia y con Kepa Junkera como invitado especial

Residente de IMQ Igurco Zorrozgoiti y vecina histórica de Altamira, celebra su aniversario con danzas, magia y el cariño de cuatro generaciones
Adela Sadia rodeada de sus seres queridos / IMQ Igurco Zorrozgoiti

No todos los días se soplan 107 velas. Adela Sadia lo ha hecho este 2 de febrero en Bilbao, acompañada por su familia, residentes y profesionales de la residencia foral IMQ Igurco Zorrozgoiti, en una celebración cargada de emoción, música y recuerdos.

Natural de Moraleja del Vino (Zamora), Adela llegó a Bilbao en 1949. Desde entonces han pasado 77 años en la Villa, buena parte de ellos en el barrio de Altamira, donde su familia recuerda que fueron “muy felices”. El cumpleaños ha sido una auténtica fiesta: danzas vascas de Ibai-Arte Dantza Taldea, un espectáculo de magia a cargo de Óliver y Liuba y la presencia del músico Kepa Junkera, que quiso acompañar a la homenajeada en un día tan especial.

Cuatro centenarias celebrando la vida

La celebración ha sido doblemente significativa, ya que junto a Adela han soplado velas otras tres residentes centenarias: Cecilia Jiménez, Carmen Cornide y Eloísa Pérez. Cuatro mujeres que superan los cien años y que representan el reflejo de una generación marcada por el esfuerzo, el trabajo y la resiliencia.

La directora de IMQ Igurco Zorrozgoiti, Sonia Fernández, destacó que “Adela es una persona profundamente querida por profesionales, familiares y residentes. Este cumpleaños es un homenaje más que merecido”.

Una mujer luchadora y generosa

Sus hijas Marisa e Inés, sus nietos Rubén y Daniel, y sus bisnietos Iraide, Markel y Nahia no quisieron perderse la celebración. Su nieta Olaya la define como “una mujer luchadora, que nunca se queja y que siempre ha pensado antes en los demás que en ella”.

Costurera incansable, lectora empedernida y amante de las novelas de sobremesa que escuchaba en un pequeño transistor, Adela fue durante años el corazón de su casa en Altamira. Ahorradora, buena vecina y entregada a su familia, cuidó a su marido Atanasio hasta su fallecimiento en 2014, tras una larga enfermedad.

Después de varias caídas y fracturas, ingresó en residencia, donde hoy continúa demostrando una fortaleza y una vitalidad admirables para su edad.

Una celebración que emociona

En la fiesta no faltaron la tarta, el “Cumpleaños Feliz”, los regalos y, sobre todo, el cariño. En un contexto en el que cada vez más personas superan los cien años gracias a la mejora en la calidad de vida y la asistencia sanitaria, alcanzar los 107 años sigue siendo una cifra extraordinaria. La residencia IMQ Igurco Zorrozgoiti, ubicada en el barrio bilbaíno de Zorrotza y perteneciente a la red de infraestructuras sociales de la Diputación Foral de Bizkaia, fue el escenario de una jornada que dejó claro que la longevidad no solo se mide en años, sino en historias compartidas.


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