Aitor, padre adoptivo desde hace más de una década, ha compartido su experiencia en una entrevista a Radio Nervión, en la que reflexiona sobre el proceso de adopción y el vínculo que ha construido con su hija. Su relato pone el foco en la realidad emocional, los desafíos del sistema y los prejuicios que aún existen en torno a la adopción.
«El camino no es sencillo»
Uno de los mensajes más potentes de su testimonio resume su visión del proceso: “No están buscando un hijo para unos padres, están buscando unos padres para un hijo”. Una frase que, según explica, define la esencia del sistema de adopción y la responsabilidad institucional de proteger a los menores.
Aitor recuerda que el camino no fue sencillo. “Fueron una mezcla de nervios, tensión e incertidumbre”, relata sobre el momento en el que conoció a su hija, que llegó a su vida con casi 10 años. Hoy, 13 años después, asegura que el vínculo es total: “Yo creo que volvería a hacerlo”.
«La adolescencia fue el momento más duro»
El padre adoptivo admite que los comienzos fueron duros: “Ella venía con una mochila bastante llena”, y reconoce que hubo momentos de dificultad en los que pensó en abandonar el proceso, aunque nunca lo hizo. “Si fuera un hijo biológico tampoco lo dejarías tirado”, reflexiona.
Con el tiempo, la relación se consolidó hasta convertirse en familia. “Lo más bonito fue el encuentro y cuando llegó a casa”, recuerda. También identifica la adolescencia como una etapa especialmente complicada: “Fue el momento más duro”.
«Todavía hay muchos prejuicios sociales»
Aitor también denuncia los prejuicios sociales que todavía existen: “Te encuentras a menudo con gente que dice que un hijo adoptivo no es lo mismo que uno biológico”. Su respuesta es firme: “Es exactamente lo mismo, porque se le quiere igual”.
Su historia concluye con un mensaje dirigido a quienes dudan sobre adoptar: “Aunque sea un proceso largo y difícil, es una experiencia muy bonita. Es un hijo”. Un testimonio que pone el foco en la dimensión humana de la adopción y en el papel clave de las instituciones: no solo acompañar a las familias, sino garantizar que cada menor encuentre el entorno adecuado para crecer y ser cuidado.