Hay debates que dividen a una afición casi sin quererlo. El de Nico Williams y el Mundial es uno de ellos. Y seguramente no exista una respuesta completamente correcta. O quizá sí, dependiendo desde dónde se mire.
Porque si uno observa únicamente la temporada del jugador del Athletic Club, cuesta entender que su presencia en la lista de Luis de la Fuente parezca tan indiscutible. Las lesiones han marcado gran parte de su curso. La pubalgia primero. Las molestias después. Y ahora una lesión muscular que le impedirá ayudar al Athletic en tres jornadas decisivas para optar a la Conference. Entre unas cosas y otras, la sensación es que el curso de Nico ha estado muy lejos de lo que muchos esperaban tras su explosión definitiva el año pasado.
Y, aun así, irá al Mundial. O eso da por hecho ya el propio seleccionador. “Le tendremos para el primer partido y, si no, para el segundo o el tercero”, explicó De la Fuente con una naturalidad que tampoco sentó demasiado bien en Bilbao. Más todavía cuando el parte médico oficial del club apenas hablaba de una “lesión muscular moderada” y dejaba todo pendiente de evolución.
«Nico no decide lesionarse. Tampoco parece razonable convertir cada problema físico en una conspiración o en una falta de compromiso»
Ahí nace parte del enfado. El aficionado rojiblanco siente que su equipo se juega muchísimo sin uno de sus futbolistas más desequilibrantes mientras la selección transmite tranquilidad absoluta con su recuperación. Y claro, las redes sociales han hecho el resto. Que si “se borra para llegar al Mundial”. Que si “solo le importa la selección”. Que si “otra vez desaparece cuando más lo necesita el Athletic”. El ruido ya está ahí.
Pero tampoco conviene caer en ciertos excesos. Nico no decide lesionarse. Tampoco parece razonable convertir cada problema físico en una conspiración o en una falta de compromiso. El menor de los Williams ha jugado muchas veces al límite este año. Quizá demasiadas. Y seguramente ahí sí haya un debate más serio sobre la preparación física, las cargas y la gestión médica en una temporada brutalmente exigente para el Athletic.
Otra cuestión distinta es la meritocracia deportiva. Y ahí sí aparecen dudas razonables. ¿Ha hecho Nico una temporada mundialista? Probablemente no. O, al menos, no una campaña tan incontestable como para que su presencia parezca automática. Sobre todo si se analiza su rendimiento europeo, muy condicionado por las lesiones y por una participación bastante limitada en Champions.
«Esta Liga ha dejado una sensación de decadencia competitiva bastante evidente salvo contadas excepciones»
Ahora bien, también conviene mirar alrededor. Y quizá ahí esté parte de la explicación. Esta Liga ha dejado una sensación de decadencia competitiva bastante evidente salvo contadas excepciones. Faltan grandes figuras. Faltan futbolistas capaces de romper partidos. Y faltan estrellas reconocibles en una competición que vive demasiado de nombres jóvenes y demasiado poco de rendimiento sostenido.
Por eso Nico sigue siendo importante. Porque incluso en una temporada irregular continúa siendo uno de los pocos jugadores diferenciales del campeonato. Uno de esos futbolistas capaces de generar vértigo, atraer focos y decidir un partido en una acción. Y España, además, necesita ese tipo de perfiles si quiere competir de verdad en un Mundial.
Seguramente la realidad esté en un punto intermedio. Es lógico que en Bilbao exista cierto malestar. Y también parece lógico que Luis de la Fuente quiera llevarse a uno de los pocos extremos verdaderamente desequilibrantes que tiene el fútbol español. El problema quizá no sea tanto que vaya Nico. El problema es que el nivel general de LaLiga actual hace que incluso una temporada discreta de una estrella siga pareciendo suficiente para ir a un Mundial.