Desde que soy madre mi vida es fútbol. Bueno, no tan exagerado, pero lo cierto es que la mayoría de mi agenda está marcada por el balón: entrenamientos, liga, torneos, algunos fuera de Euskadi, pachanguillas entre aitas, amas y txikis y comidas de equipo. La verdad es que no me quejo. Entre los padres, algunos ya nos conocíamos, hemos hecho un grupo muy majo. Los niños son amigos y quieren mucho a sus misters que al final son unos chavalillos como ellos. Además el fútbol tiene muchas cosas buenas como los valores que transmite: compañerismo, espíritu de superación, amistad… Esto es lo que hay que fomentar y no una insana competitividad, el odio al contrario y las faltas de respeto.
El sueño rojiblanco
La temporada está a punto de acabar pero aún nos queda algún torneo como la AC Cup del Athletic. Uno de los partidos lo juegan en San Mamés y eso para los peques es un gran regalo. Por cierto que, hablando del Athletic, algunos afortunados han estado varios días yendo a entrenar a Lezama, incluso han disputado algún torneo en Huelva, Zaragoza o Chichana, vistiendo la camiseta rojiblanca. Aunque no terminen entrando en el equipo esto ya es una gran experiencia con la que han aprendido y han hecho amigos de otros clubes. Si les cogen bien y si no también. Ahí es donde entramos los aitas y amas para explicarles que lo que han vivido es muy bonito y que nunca se sabe lo que puede pasar en un futuro. Quizás se conviertan en un Unai Simon, Nico Williams, Dani Vivían o Jauregizar. Si no es así, pues no pasa nada. Lo importante es que se diviertan haciendo lo que les gusta.
Por todo ello aunque a veces esté cansada, agotada, incluso harta de tanto fútbol, en el fondo me gusta.