Lo que empezó como una aparición inesperada en una empresa de Etxebarri ha terminado con un reencuentro emocionante y un gesto de generosidad que ha conquistado a todos los implicados.
Hace dos días, los trabajadores de una empresa de Etxebarri se encontraron con una visitante inesperada. Un pequeño agaporni apareció entre los palés de las instalaciones sin que nadie supiera de dónde había llegado.
Joseba, uno de los empleados, decidió pedir ayuda a través de Radio Nervión. Llamó al programa de Mar para intentar localizar a la persona responsable del ave.
Durante las horas siguientes llegaron varias llamadas. Varias personas pensaron que podía tratarse de su mascota. Sin embargo, el número identificador de la anilla no coincidía.
Una jaula improvisada
Mientras aparecía su propietario, los trabajadores cuidaron del animal como pudieron. Incluso utilizaron una cesta de basura como jaula provisional. Pero una empleada quiso ir un paso más allá: «No quería que se quedara sola», explicó.
Por eso se llevó a Pepa a casa durante estos días para atenderla y mantenerla en mejores condiciones.
¿Echaba de menos a Pepín?
La historia dio un giro inesperado cuando la cuidadora observó un cambio en el comportamiento del ave. Según ha contado la empleada a Radio Nervión, al principio Pepa parecía encontrarse bien. Sin embargo, con el paso de los días comenzó a mostrarse más apagada.
La pregunta surgió de inmediato: ¿echaba de menos a Pepín? Y es que Pepa no vivía sola. Compartía su vida con Pepín, otro agaporni. Y lo sabemos por una llamada..
La llamada definitiva
Ayer llegó la llamada que todos esperabamos. Un vecino de Otxarkoaga contactó con la emisora para comprobar si el agaporni encontrado podía ser suyo. Explicó que Pepa compartía jaula con su compañero de vida, Pepín, y que había escapado por un lateral.
En la radio hemos actuado como intermediarios. Primero compararon las fotografías. Después verificaron el número de identificación de la anilla. Pepa había aparecido.
Reencuentro y generosidad
La aventura de Pepa tendrá un final feliz. Pero la historia guarda todavía un capítulo más. Durante estos días, el hijo de la mujer que la ha cuidado se encariñó profundamente con el ave. Al conocer la situación, el verdadero dueño tuvo un gesto tan inesperado como bonito.
Permitirá que Pepa y Pepín permanezcan juntos temporalmente en la casa de la familia que los ha cuidado hasta que puedan hacerse con otro agaporni propio. Un desenlace marcado por la solidaridad, el cariño y la generosidad. Porque a veces una historia que comienza entre palés termina uniendo a varias familias, en esta ocasión por «culpa» de la travesura de Pepa.