Los residentes de los portales 196 en adelante de la Carretera Zorrotza Kastreja denuncian sentirse abandonados y tratados como «la última rueda del coche» en Bilbao.
Desde hace años, el derrumbe parcial de una antigua edificación del barrio, que históricamente funcionó como guardería para los hijos de los trabajadores de una fábrica local, mantiene completamente bloqueado el acceso peatonal rápido hacia la estación de tren de Santa Águeda.
A pesar de que el Ayuntamiento de Bilbao valló y acordonó la estructura para evitar riesgos ante un desplome inminente, los afectados critican que el consistorio ha dejado el entorno en el olvido, forzándolos a realizar rodeos peligrosos por la carretera.
Un rodeo diario 15 minutos
El cierre perimetral de la antigua edificación no solo restringe el camino más corto hacia los andenes del tren con dirección a Balmaseda o al centro de Bilbao. Esta barrera física impide de forma directa que las familias de la zona puedan acceder a servicios básicos de su entorno, como beber agua de la fuente pública o llevar a los niños a disfrutar del parque infantil.
Actualmente, los vecinos se ven obligados a caminar por el arcén de la Carretera Zorrotza Kastreja, sumando un trayecto adicional de 15 minutos a pie a sus desplazamientos cotidianos, con el riesgo vial que ello conlleva para los menores y mayores del barrio.

El peligro latente de unas ruinas olvidadas
Existe una enorme preocupación vecinal por el estado real de la estructura, de la cual hoy solo quedan en pie cuatro paredes con riesgo severo de colapso total.
Aunque la fábrica colindante ya está cerrada y existen previsiones institucionales para su desmantelamiento en los próximos meses, los bloques residenciales afectados exigen una intervención urgente y específica sobre los restos de la guardería.
Los damnificados solicitan que el Ayuntamiento actúe de inmediato retirando las ruinas de forma segura para reabrir un espacio público que pertenece a bilbaínos y bilbaínas.