La prostitución ya no se concentra en las calles de Bilbao como ocurría hace décadas. Ahora se ejerce, en gran medida, en pisos particulares y a través de aplicaciones móviles, una transformación que ha hecho que esta realidad sea mucho más invisible y, según advierte Askabide, también mucho más peligrosa para las mujeres.
Así lo ha explicado en TeleBilbao Marian Arias, responsable de sensibilización y formación de Askabide, entidad que lleva más de cuarenta años acompañando a personas en situación de prostitución y exclusión social. La organización alerta de que el hecho de que la ciudadanía ya no vea a estas mujeres en las calles no significa que la prostitución haya desaparecido, sino todo lo contrario.
«Lo que ha cambiado es el escenario. Hoy una mujer puede contactar con un cliente desde una aplicación y acudir directamente a un piso. Nadie sabe dónde está ni qué ocurre allí», resume Arias.
La invisibilidad aumenta la vulnerabilidad
Desde Askabide aseguran que la principal preocupación es precisamente esa clandestinidad. Al desaparecer de los espacios públicos, las mujeres quedan mucho más aisladas y desprotegidas, dificultando tanto su acceso a recursos como la intervención de las entidades sociales.
Además, el perfil también ha cambiado radicalmente. Si hace tres décadas la mayoría eran mujeres españolas, hoy predominan las mujeres migrantes, muchas de ellas atrapadas por la falta de documentación, la imposibilidad de acceder a un empleo regular y la necesidad de enviar dinero a sus familias.
La organización insiste en que detrás de cada historia existen circunstancias muy diferentes y rechaza los estereotipos simplistas sobre la prostitución.
La soledad y la salud mental, la otra gran emergencia
Uno de los aspectos que más quiso visibilizar Marian Arias durante la entrevista fue el enorme desgaste psicológico que sufren muchas de estas mujeres.
Desde Askabide explican que la mayoría vive una doble vida para ocultar a sus hijos, familiares o parejas a qué se dedican por miedo al rechazo social. Esa presión constante, unida al estigma, la ansiedad y el aislamiento, convierte la salud mental en una de las principales necesidades que detectan en su trabajo diario.
«La gente relaciona prostitución con enfermedades de transmisión sexual, pero nosotras trabajamos sobre todo con mujeres que tienen graves problemas de salud mental», explicó Arias.
La entidad considera que el mayor daño llega cuando ellas mismas terminan interiorizando el rechazo social y asumiendo una imagen negativa de sí mismas.
Críticas por el tratamiento del caso de la prostituta con tuberculosis
Durante la entrevista también se abordó una de las noticias que más repercusión generó hace unas semanas: el caso de una mujer que ejercía la prostitución y fue diagnosticada de tuberculosis.
Askabide criticó el enfoque informativo que recibió el caso al considerar que volvió a señalar a la mujer por ejercer la prostitución, incrementando el estigma sin aportar información útil para la ciudadanía.
Marian Arias recordó que la tuberculosis no es una enfermedad de transmisión sexual y lamentó que muchos titulares pusieran el foco en la profesión de la afectada en lugar de explicar cómo se transmite realmente la enfermedad.
Además, calificó de irrealizable la pretensión de identificar a los clientes o realizar un seguimiento de todos sus contactos, recordando que la prostitución se desarrolla actualmente en un contexto clandestino donde no existen registros ni listados de personas.
Más de cuatro décadas acompañando a las mujeres más vulnerables
Lejos del debate político sobre abolición o regulación, Askabide centra su trabajo en acompañar a las mujeres que ejercen la prostitución y responder a sus necesidades más urgentes.
La entidad trabaja para facilitar apoyo social, atención psicológica, formación y acompañamiento a personas que, en muchos casos, viven marcadas por la pobreza, la soledad, la falta de oportunidades y el rechazo social.
Su mensaje es claro: la prostitución no ha desaparecido. Simplemente se ha hecho menos visible. Y precisamente esa invisibilidad, advierten, está dejando a muchas mujeres todavía más solas y vulnerables.