Vuelven las chinches apestosas a Euskadi: la plaga que invade terrazas y jardines ha reaparecido

Así es la plaga silenciosa: insectos que ni pican ni muerden, pero que huele muy mal si los aplastas
plaga de chinches apestosas. / Radio Nervion

Todavía falta más de un mes para que llegue oficialmente el otoño, pero en Euskadi ya han empezado a aparecer las primeras señales de un visitante poco deseado. En los últimos días, varios oyentes de Radio Nervión han contactado con la emisora para advertir de que las conocidas como chinches apestosas vuelven a dejarse ver en terrazas, jardines y balcones, especialmente entre las plantas y la vegetación.

No es un fenómeno nuevo. Ocurrió en 2023, volvió a repetirse en 2024 y los expertos llevan tiempo advirtiendo de que este insecto invasor ha conseguido establecerse en buena parte del territorio vasco. Cada final de verano, cuando las temperaturas empiezan a suavizarse, miles de ejemplares abandonan árboles y parques para buscar refugio en edificios y viviendas, donde intentan pasar el invierno. La preocupación vuelve a crecer entre muchos vecinos porque, aunque todavía no se trata de una invasión masiva, la presencia de estos insectos suele aumentar de forma muy rápida durante las próximas semanas.

Un insecto asiático que ya se ha instalado en Euskadi

La protagonista de este fenómeno es la chinche marrón marmolada (Halyomorpha halys), una especie originaria del este de Asia considerada una de las plagas agrícolas invasoras más importantes del mundo. Llegó a Europa hace algo más de una década y desde entonces se ha ido extendiendo por numerosos países, incluida España.

En Euskadi lleva varios años asentada. Su presencia se ha detectado especialmente en Bizkaia y Gipuzkoa, aunque también existen poblaciones en Álava. La Diputación Foral de Bizkaia mantiene desde hace tiempo programas de seguimiento para conocer su evolución y vigilar el posible impacto sobre cultivos y explotaciones agrícolas, especialmente en frutales y huertas.

Además de afectar a la agricultura, su comportamiento provoca molestias en las zonas urbanas. Cuando termina el verano, estos insectos buscan calor y refugio en fachadas, cajas de persianas, ventanas, terrazas y balcones, donde pueden concentrarse en grandes cantidades.

Por qué ahora empiezan a verse más

Los expertos explican que el aumento de ejemplares coincide con el cambio estacional. Tras reproducirse durante los meses cálidos, los adultos comienzan a buscar lugares protegidos donde sobrevivir al invierno.

Por eso es habitual que aparezcan sobre las hojas de las plantas ornamentales, en macetas, jardines particulares o incluso caminando por las paredes exteriores de los edificios antes de intentar colarse en el interior de las viviendas.

Las altas temperaturas registradas durante buena parte del verano también favorecen su desarrollo, lo que puede traducirse en una mayor presencia de ejemplares durante las próximas semanas.

No son peligrosas, pero sí muy molestas

Aunque su aspecto puede resultar llamativo y generar preocupación, las autoridades sanitarias insisten en que no pican, no muerden, no transmiten enfermedades y no representan un riesgo para las personas ni para los animales domésticos.

El principal problema aparece cuando se sienten amenazadas o son aplastadas. Como mecanismo de defensa liberan una sustancia con un olor muy intenso y desagradable que puede permanecer durante bastante tiempo en la vivienda.

Precisamente por ese motivo, los especialistas desaconsejan matarlas golpeándolas.

Qué hacer si aparecen en casa

La mejor forma de evitar problemas es impedir que entren en la vivienda. Para ello se recomienda revisar ventanas, sellar pequeñas grietas y huecos por los que puedan acceder e instalar mosquiteras cuando sea posible.

Si ya han entrado, lo más aconsejable es retirarlas con cuidado utilizando un papel, un recipiente o una aspiradora con bolsa desechable, evitando aplastarlas para que no desprendan el característico olor.

Los expertos recuerdan además que el uso de insecticidas domésticos suele tener una eficacia limitada cuando se trata de grandes concentraciones y que, si la presencia es masiva, conviene contactar con profesionales especializados en control de plagas.

Una vieja conocida de barrios como Cruces o Bilbao

La imagen de fachadas cubiertas de chinches ya no resulta extraña para muchos vecinos de Euskadi. En los últimos años se han registrado episodios especialmente llamativos en municipios como Barakaldo, donde el barrio de Cruces llegó a sufrir una importante proliferación que obligó al Ayuntamiento a realizar tratamientos específicos en parques y zonas verdes.

Desde entonces, cada final de verano vuelven a multiplicarse las consultas en redes sociales y foros vecinales de personas que encuentran estos insectos en sus terrazas, tendederos o balcones y se preguntan si se trata de una nueva plaga.

Por el momento, los expertos llaman a la calma. La presencia de los primeros ejemplares entra dentro del comportamiento habitual de esta especie, aunque reconocen que su expansión sigue siendo objeto de vigilancia por parte de las administraciones debido al impacto que puede tener sobre determinados cultivos y por las molestias que ocasiona en las zonas urbanas.

Con la llegada de septiembre y el descenso progresivo de las temperaturas será cuando, previsiblemente, la presencia de la chinche apestosa vuelva a hacerse mucho más visible en numerosos municipios de Euskadi.


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