A las siete de la mañana, cuando buena parte de Bilbao todavía duerme, los equipos de limpieza ya están en marcha. Radio Nervión les acompaña desde la zona de Txomin Barullo rumbo al Arenal con un objetivo claro: que cuando la ciudad despierte, apenas quede rastro de la noche de fiestas. Hoy toca madrugar.
Ya en la estación aparece un primer adelanto de lo que espera. Los trenes conectan la gaupasa con quienes empiezan su jornada laboral. En los mismos vagones, sueño por motivos muy distintos: unos regresan a casa después de una noche de fiesta y otros se dirigen a trabajar.
EL OLOR
En San Nicolás llega el primer impacto: el olor. Vino, orines, humo y los restos de una noche que todavía no ha terminado para todos. Algunos intentan encontrar la entrada de la estación, mientras otros siguen de fiesta y bailan en cualquier dirección.
En las txosnas todavía queda luz y también ganas de beber, pero el final de la actividad en el recinto lo marca el primer manguerazo. El agua abre paso a la limpieza y da comienzo a una transformación que se repite cada mañana de fiestas.
El primer manguerazo
Los operarios se organizan. Primero llega el agua para abrir paso al resto de compañeros. Mover las mangueras no resulta sencillo: pesan, se pisan y, en muchos casos, dos trabajadores tienen que manejarlas.
Después entran en acción quienes llevan las aspiradoras manuales, que permiten concentrar la basura y facilitar su retirada. Y sí, son toneladas de residuos. Cuando uno llega al recinto y lo mira con otros ojos, cuesta imaginar que en apenas unas horas pueda recuperar su aspecto habitual. Pero la solución está ahí: son los operarios y operarias que saben que, cuando Bilbao despierte, la ciudad tiene que seguir en marcha.
Una agresión
La jornada también deja un episodio especialmente desagradable: uno de los operarios ha sufrido una agresión. Es algo poco habitual. Por lo general, su trabajo cuenta con el respeto incluso de quienes quizá no conocen sus nombres.
Uno de ellos es Andoni Díez, que conoce bien las noches más complicadas. «Los fines de semana son lo peor. Así que si hoy te ha sorprendido, imagínate», cuenta.
Andoni, además, ha tenido que madrugar todavía más. Le ha tocado encargarse del parque Europa después del concierto de ETS. «No me ha parecido muy sucio, esperaba más, la verdad», explica.
A las 8:10 todavía queda trabajo por delante. Me despido de Andoni mientras el equipo continúa con la limpieza y avanzo hacia el Arriaga.
Maquinaria coordinada
De camino al Arriaga se puede comprobar cómo uno de los mayores cúmulos de basura se concentra en esta zona. Pero también aparece otra imagen: desde las txosnas salen trabajadores con sus bolsas de basura para reciclar, ya separadas y preparadas para entregarlas al camión correspondiente.
Todo está coordinado. La limpieza forma parte de una rutina en la que también colaboran quienes organizan las fiestas. Cada pieza cumple su función y esa cadena de trabajo permite que la ciudad recupere su aspecto habitual pocas horas después.
No es magia
Cuando Bilbao despierta, la fiesta ya no se nota. No es magia. Detrás de esa transformación hay muchas personas que trabajan mientras los demás duermen y que suman a la fiesta desde otro lugar. Andoni lo resume así: «Que ellos se lo pasen bien, para eso estamos nosotros después».
Y así, mientras unos terminan la noche y otros empiezan el día, Bilbao vuelve a ponerse en marcha.