Se nos ha olvidado montar en el autobús

Dos puertas de salida, pero todos nos quedamos en el mismo sitio haciendo tapón
Bilbobus. / Radio Nervión

Hay algo que no entiendo cuando subo a un Bilbobus: ¿por qué nadie quiere ir hasta el fondo?

No hablo de meterse donde no cabe ni de hacer malabares entre mochilas, abrigos y bolsas de la compra. Hablo simplemente de avanzar por el pasillo cuando hay espacio. Porque, por alguna razón, parece que llegar hasta el fondo del autobús se ha convertido en una misión imposible.

Y lo curioso es que antes tenía cierta explicación. Los autobuses de Bilbao tenían una puerta de entrada y otra de salida en la zona central. Así que si te ibas hasta el fondo y llegaba tu parada, podía tocarte atravesar medio autobús para poder salir o que arrancase sin que te diese tiempo a salir. Era comprensible que mucha gente prefiriera quedarse cerca de la puerta.

Pero es que ahora tenemos otra puerta al fondo.

Los Bilbobus actuales tienen una salida en la parte central y otra en la parte trasera. Si te colocas al fondo, tienes una puerta para salir. Si te quedas en medio, tienes una puerta para salir. Las opciones están ahí. Y, sin embargo, seguimos todos apelotonados en el mismo sitio.

El resultado lo conocemos todos: llega el autobús, suben diez personas y parece que está completo. Pero avanzas un poco y descubres que hay sitio al fondo. Mucho sitio. El problema es que nadie quiere ser el primero en dar esos pasos.

Y entonces se forma el tapón. Los que están esperando en la parada tienen que esperar a que la gente se mueva para generar espacio. Los que ya están dentro no avanzan. Y los que conseguimos entrar nos quedamos atrapados en una especie de sardina colectiva mientras, unos metros más atrás, hay espacio suficiente para respirar.

A veces pienso que necesitamos un cartel enorme: «Por favor, avance hasta el fondo». Aunque probablemente tampoco funcionaría.

Porque esto no es solo una cuestión de comodidad. Es cuestión de que el autobús funcione mejor para todos. Si repartimos a los pasajeros por todo el vehículo, entra más gente, subimos y bajamos más rápido y viajamos bastante menos apretados.

Así que quizá no se nos haya olvidado montar en autobús. Quizá se nos haya olvidado una de las normas más básicas: si hay sitio al fondo, se va al fondo.

Y si alguien descubre por qué nos cuesta tanto hacerlo, que lo cuente. Porque yo, sinceramente, sigo sin entenderlo.


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