Hay personas que forman parte del paisaje de Bilbao. No porque ocupen titulares cada día, sino porque llevan décadas estando ahí, siempre presentes, siempre dispuestas a aportar algo sin pedir nada a cambio. Mikel Bilbao es una de ellas.
Sin dejar el txistu… ni jubilado
Este viernes cumple 82 años el que para muchos es el txistulari más querido y reconocible de Bilbao, un hombre que durante más de tres décadas recorrió las calles como integrante de la Banda Municipal de Txistularis, poniendo música a las mañanas del Casco Viejo, inauguraciones, recepciones oficiales, fiestas de barrio, romerías, bodas, funerales y todo tipo de celebraciones populares. Tras su jubilación en 2009, lejos de guardar el txistu, continuó aceptando invitaciones y participando en actos culturales y sociales prácticamente cada semana.
Pocos bilbaínos pueden presumir de haber estado presentes en tantos momentos importantes de la historia reciente de la ciudad. Mikel ha acompañado con su música inauguraciones tan emblemáticas como las del Museo Guggenheim, el Palacio Euskalduna, el BEC o Termibus, además de recepciones institucionales, la llegada de la gabarra del Athletic, actos tradicionales y cientos de eventos populares que forman parte de la memoria colectiva de Bilbao.
Una historia de constancia
Su historia también es la de la constancia. Aprendió a tocar siendo un niño en Solokoetxe y, pese a perder dos dedos de la mano izquierda en un accidente laboral cuando trabajaba como carpintero, nunca abandonó el txistu. Adaptó su forma de tocar y siguió haciendo lo que más le gustaba: llevar la música vasca allí donde le llamaran.
Ese compromiso permanente con la ciudad le ha valido numerosos reconocimientos. El Centro Extremeño de Bilbao le rindió un emotivo homenaje con motivo de su 80 cumpleaños, agradeciendo las innumerables ocasiones en las que ha acompañado con su txistu las actividades de la entidad durante décadas.
También la Academia del Cerdo Txarriduna, de la que forma parte ocupando simbólicamente el sillón de la «corada», le considera una figura imprescindible en la vida cultural y festiva de Bilbao. Y este mismo año fue distinguido como Txirene Honoris Causa por la Orden Botxera, un reconocimiento reservado a personas especialmente vinculadas al carácter y las tradiciones bilbaínas.
Cercanía y humildad
Quienes conocen a Mikel destacan siempre lo mismo: su cercanía, su humildad y esa disponibilidad permanente para acudir con su txistu allí donde hiciera falta. No importa si era una gran ceremonia institucional o una sencilla fiesta de barrio. Nunca ha entendido la música como un escaparate, sino como una forma de compartir y mantener vivas las tradiciones.
Por eso, al cumplir 82 años, son muchas las voces que consideran que Bilbao mantiene una deuda de gratitud con uno de esos personajes que han ayudado, casi sin hacer ruido, a construir el alma de la ciudad.
Porque hay personas que pasan por Bilbao. Y otras, como Mikel Bilbao, que llevan toda una vida poniendo la banda sonora de Bilbao.