El Puerto de Santoña vivió ayer una de esas jornadas que se recuerdan durante años. Más de 60.000 cajas de bocarte —la materia prima de la apreciada anchoa— llegaron en un solo día, en plena costera, confirmando el gran momento de una de las campañas más esperadas en el norte.
La imagen al amanecer era la de un puerto completamente lleno de vida. Cerca de 70 barcos procedentes de distintos puntos del Cantábrico entraban de forma escalonada, cargados de bocarte fresco, en una estampa que mezcla tradición, esfuerzo y una actividad frenética que sostiene buena parte de la economía local.
Una campaña clave para la anchoa del Cantábrico
El bocarte, conocido una vez elaborado como anchoa, es mucho más que un pescado para Santoña. Es industria, empleo y seña de identidad. La llegada masiva de capturas en jornadas como esta garantiza el trabajo de las conserveras en los próximos meses y refuerza el papel del municipio como uno de los grandes referentes del sector.
El precio medio de la jornada se situó en torno a 1,94 euros por kilo, una cifra que refleja el equilibrio entre la abundancia de capturas y la calidad del producto, muy valorado tanto a nivel nacional como internacional.
Tradición, mar y orgullo del norte
La costera del bocarte no solo mueve cifras, también emociones. Cada descarga en el puerto es el resultado de horas de trabajo en el mar, de conocimiento transmitido de generación en generación y de una forma de vida que sigue muy presente en la costa cantábrica.
Santoña vuelve así a colocarse en el mapa como uno de los grandes puertos del norte, donde la anchoa no es solo un producto estrella, sino un símbolo que conecta pasado, presente y futuro. Una jornada “chula”, de las que enganchan, y que deja claro que cuando el bocarte entra con fuerza, todo un pueblo late al mismo ritmo.