Aitor Artetxe, escritor bilbaíno: «He robado cosas de mi propia vida y las he mezclado»

Aitor Artetxe presenta De Plastilina, una novela sobre una generación a la que se le prometió todo y llegó al futuro con las manos vacías
Aitor Artetxe junto a su libro, De Plastilina. / Mikel Godoy

Aitor Artetxe es farmacéutico de carrera y escritor de vocación. Criado en Bilbao, estudió cine en Madrid y lleva años compaginando guiones y novelas desde la convicción de que escribir, en el fondo, es siempre lo mismo. Su segunda novela, De Plastilina, sigue a Martín durante veinticuatro horas de guardia en una farmacia: un personaje gay, bilbaíno y con ganas de ser escritor que se parece mucho a él, aunque Aitor insiste en que eso no lo convierte en un libro autobiográfico. En esta conversación habla de su proceso creativo, de lo que tiene de vasco el silencio y de por qué un club de lectura LGTBIQ+ puede ser tan necesario como una discoteca.

Pregunta. ¿Cómo te definirías?

Respuesta. Lo que más hago es escribir. Si escribo un libro o un guion no lo veo tan diferente. El proceso es distinto, pero al final lo que hago es escribir. Lo de farmacéutico fue lo que estudié, aunque siempre tuve claro que no era lo que me apetecía hacer.

P. ¿En qué momento decides dedicarte a esto?

R. Cuando terminé la carrera de farmacia ya vi que no era para mí. Siempre he tenido una parte creativa: siempre he escrito, siempre he dibujado. Me surgió la oportunidad de irme a Madrid a estudiar cine y a partir de ahí vi que la dirección me encanta, pero con el guion y la escritura me siento mucho más cómodo.

P. ¿Cómo es tu proceso creativo?

R. Es cero juicioso conmigo mismo. Escribo, escribo, escribo y no me censuro nada. Luego, cuando reviso, ahí meto el tajo. Empieza siendo bastante arbitrario, por el puro placer de escribir. Lo más difícil en este libro fue darle estructura, organizar las distintas líneas temporales. Pero el proceso es bastante solitario: nunca enseño nada hasta que lo tengo terminado.


Una ciudad en las páginas

P. Bilbao aparece mucho en el libro. ¿Qué tiene la ciudad que no encuentras en otros sitios?

R. Bilbao es mi casa, es donde he vivido la mayor parte de mi vida. Pero sobre todo me interesa algo que creo que es muy vasco: un silencio intrínseco, una dificultad para comunicarse. A mí me resulta muy estimulante escribir sobre personajes que tienen mil cosas que decir y que no son capaces de decir prácticamente ninguna. Eso está muy presente en este libro.

P. ¿Hasta qué punto es autobiográfico De Plastilina?

R. Es el gran melón del libro. Tenía claro que quería jugar con eso: que el personaje también fuese un chico gay, de Bilbao, farmacéutico y con ganas de ser escritor. Me he robado cosas de mi propia vida y las he mezclado. Pero para mí todo lo que escribes es una ficción y tiene que serlo, porque si me limito a la realidad sería un aburrimiento de libro. Siento que estoy contando otra vida, otro desenlace, otras cosas.

P. ¿Qué tiene De Plastilina que no tengan otros libros?

R. Lo que más me gusta es cómo está estructurado. Hay distintas líneas temporales, texto del ordenador, anuncios de la calle, una reseña de TripAdvisor, una entrevista… Cada formato viene de una voz distinta. No es un libro en el que pasen grandes cosas: son veinticuatro horas en la vida de un personaje, una noche de guardia, y todo el rato estás dentro de su cabeza. Pero creo que hay algo en cómo se cuenta que lo hace interesante.

P. ¿Cómo convencerías de leerlo a alguien que no lee nunca?

R. Primero, que no es un libro largo. Y luego que tiene un lenguaje que se aleja de lo descriptivo y lo espeso. Va a toda leche, salta de un sitio a otro. Ese frenetismo al que estamos acostumbrados a vivir también está en cómo está escrito. Creo que para alguien que no está acostumbrado a leer puede resultar atractivo porque lleva más el ritmo de nuestra vida que la literatura clásica.

Una generación con miedo al cambio

P. El libro habla de una generación que quiere cambiarlo todo pero tiene miedo al cambio.

R. Yo me he sentido así creciendo. Hemos crecido con esa idea de que si te esfuerzas lo consigues, y luego cuando te haces adulto te das cuenta de que no es así. Martín es un personaje profundamente narcisista: está obsesionado con querer cambiar su vida pero tampoco hace nada para hacerlo. Eso creo que a muchos nos ha pasado. El futuro se nos prometió y cuando llegas ahí no hay nada. Pero también creo que el libro habla de que si quieres conseguir algo, algo tendrás que poner de tu parte.

P. Además del libro, estás impulsando un club de lectura LGTB: LEOLEO, en Sarean, el espacio cultural comunitario.

R. Me interesa crear un espacio LGTB fuera de las discotecas y de la noche. No tengo ningún problema con eso, me parece fantástico. Pero poder tener otro lugar de encuentro, hablar de otras cosas, leer tranquilamente. Relacionarte con gente LGTB también es que sean tus colegas, es la cultura, es desde otro sitio. Creo que hay más cosas que nos unen que simplemente el deseo.


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