La detección por primera vez en España de la llamada Mosca Oriental de la Fruta ha encendido las alertas en el norte del país. Se trata de una de las plagas agrícolas más agresivas y vigiladas de Europa por su enorme capacidad para afectar a cultivos y propagarse rápidamente en determinadas condiciones climáticas.
Los tres primeros casos confirmados han sido localizados en Cantabria. Así lo ha revelado el alcalde de Astillero, Javier Fernández Soberón, quien asegura que el Ayuntamiento conoció la situación recientemente a través de la Organización Europea y Mediterránea para la Protección de las Plantas.
Siete meses después de la detección
Según ha explicado el regidor, la presencia del insecto habría sido detectada ya el pasado mes de octubre. En este sentido denuncia que ni el Gobierno central ni el Ejecutivo cántabro trasladaron información detallada al Consistorio durante estos meses.
El Ayuntamiento ha solicitado ahora explicaciones sobre los protocolos aplicados y las medidas adoptadas desde entonces para evitar riesgos mayores. También reclama conocer qué actuaciones deberían ponerse en marcha a nivel local para impedir que la situación evolucione hacia un problema más grave.
Qué es la Mosca Oriental de la Fruta
La Bactrocera dorsalis, conocida como Mosca Oriental de la Fruta, está considerada una de las especies invasoras más dañinas para la agricultura mundial. Puede afectar a decenas de variedades de frutas y hortalizas, provocando importantes pérdidas económicas en zonas agrícolas.
Su presencia preocupa especialmente porque se reproduce con rapidez en ambientes cálidos y húmedos y porque muchos países mantienen estrictos controles fitosanitarios para impedir su expansión.
Cantabria pide calma
Pese a la preocupación generada, desde el Gobierno de Cantabria trasladan un mensaje de tranquilidad. Fuentes regionales consideran que se trata de una presencia “transitoria” y recuerdan que este insecto necesita temperaturas más elevadas para completar su ciclo biológico de forma estable. En este sentido, sostienen que el clima cántabro no sería el más favorable para que la plaga logre asentarse o expandirse de manera permanente.
La aparición de esta especie en el norte peninsular, muy cerca de Euskadi, ha despertado interés entre expertos agrícolas y autoridades fitosanitarias, que mantienen vigilancia sobre cualquier posible evolución del caso.