Un simple gesto puede cambiar una vida. El caso de Arkaitz Santamaría es el mejor ejemplo. Un trasplante de médula le permitió poner fin a una enfermedad que llevaba diez años acarreando. «Me hicieron diferentes estudios, biopsias y analíticas, y ya me di cuenta de que aquello se estaba alargando en el tiempo y que algo había por ahí», declara en una conversación con Radio Nervión.
Aquella enfermedad era un linfoma cutáneo, un cáncer poco frecuente. «Los linfocitos T no funcionaban bien y me atacaban al órgano más amplio que tenemos, la piel. La tenía fatal y al darme el diagnóstico me dijeron que la única cura sobre esto iba a ser un trasplante de médula, en caso de que fuera a peor. No tenía ni idea de lo que era y además me dije que era un tío deportista y que esto no iba conmigo hasta que vino la pandemia y mi estadio fue a peor», explica.
El 27 de julio cumplirán cinco años desde que recibió el trasplante, en plena pandemia, una época donde los procedimientos médicos sufrieron una importante alteración debido a las restricciones al transporte. «Lo primero que hacen es un tipaje a tus familiares. Mi hermana tenía menos de 50% de compatibilidad y mi hermano justo el 50%, que es con lo que los hematólogos ya pueden trabajar para hacer el trasplante. Pero los hematólogos de Cruces valoraron que mis hermanos no fueran y tiraron del Banco Mundial de Donantes. Había un alemán con buena compatibilidad, pero como no había vuelos ni nada, aquello fue a pique porque supuestamente se echó para atrás y me quedé sin donante. Así que acudimos a Madrid y allí vieron desde el primer momento que mi hermano iba a ser el donante, lo cuál me alegró y dio un subidón», explica.
Fue en Majadahonda, en el Hospital Puerta de Hierro, donde tuvo que trasplantarse. «Es un hospital referencia respecto a mi enfermedad. Y fue todo fenomenal, porque aparte me tenían que dar radioterapia corporal para intentar mejorar el estadio de la piel porque tenía la piel tan mal que no se arriesgaban a hacer el trasplante así. Y tuve la gran suerte de que en el hospital donde yo acudí estaba la máquina para darme radio, que me lo dieron por todo el cuerpo», añade.
Hace falta «mucha información» sobre la donación y el trasplante de médula
Fue en esos momentos de soledad y reflexión de un proceso que define como «largo y muy duro, con quimioterapia, inmunoterapia y radioterapia» cuando empezó a pensar en qué podría hacer él para visibilizar esto. «La reflexión que me hacía era que, si yo salía de este bache, iba a intentar poner mi granito de arena para visibilizar todo esto. Creo que hace falta mucha información y eso es lo que estamos haciendo a día de hoy», asegura. «Sin ir más lejos, en el hospital el único cartel que vi sobre la donación de médula fue en la sección de hematología de Cruces», añade.
Así es como fundó la Asociación Dona Médula Dona Vida, con la que busca dar a conocer su historia y también lo que supone donar médula. «Queremos que la gente sepa en qué consiste donar médula. No pedimos dinero, no pedimos un hueso ni un órgano. Solo estamos pidiendo células madre de la sangre, que se regeneran cada día. Es lo único que se pide, y hay mucho desconocimiento», explica.
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Entre las iniciativas que llevan a cabo, dar charlas en institutos, agrupaciones deportivas o empresas. Pero también luciendo el nombre de la asociación en el maillot que utilizan él y sus amigos en las pruebas cicloturistas en las que participan. «Intentamos que los jóvenes lo vean y nos pregunten. Y nosotros encantados de la vida les contamos. Entre 18 y 40 años, que es la edad ideal e idónea para ser donante de médula. Y que sepan que, con un pequeño gesto pueden salvar una vida en cualquier lugar del mundo«, asevera.
¿En qué consiste la donación de médula?
Arkaitz explica también cómo es el proceso de donación de médula. «La persona se registra como donante, se sacan las células madre de su sangre y, mediante una máquina que centrifuga la sangre, se separan las células madre. Si eres compatible con un paciente que está a la espera de un trasplante de médula, puedes salvar una vida en cualquier lugar del mundo», reitera.
Preguntándole si ha podido recuperar su vida normal, Arkaitz es conciso: «Sí, pero no». «El trasplante de médula es un proceso duro, muy muy duro. Te meten mucha quimio y esa toxicidad se vuelve en contra tuya también: te afecta a los ojos, a diferentes partes del cuerpo, y puedes tener diferentes efectos secundarios por esta toxicidad. Luego también hay un proceso muy largo que es que tu cuerpo tiene que asimilar y admitir las células madre del donante. Es un proceso tan largo que puede afectar a diferentes órganos. Admito que no soy el que era, pero no me voy a quejar para nada«, concluye.