Con la llegada del otoño, muchas personas se preparan para encender la calefacción y realizan el purgado de los radiadores como una costumbre antes de iniciar la temporada. Sin embargo, según Roberto Sierra, técnico de Gas Bilbao, esta práctica no siempre es recomendable. “En una calefacción que está bien, no debería entrar aire casi nunca. Por eso, solo se purga cuando hay síntomas”, explica.
Las señales
Sierra detalla cuáles son esas señales: que la parte superior del radiador esté fría, que se escuchen ruidos de burbujeo o agua circulando, que la presión de la caldera suba y baje sin motivo aparente o que en los pisos superiores los radiadores calienten poco o tarden mucho en hacerlo. “Si no hay ninguno de esos síntomas, no hay que hacer nada”, resume.
El técnico insiste en que purgar sin necesidad puede resultar perjudicial. “Cada vez que purgas entra oxígeno nuevo, y eso acelera la corrosión de la instalación y genera suciedad. Además, diluyes los productos protectores del agua y, en zonas de agua dura, favoreces la formación de cal”, advierte. También señala que, si se purga con frecuencia, la presión de la caldera puede bajar demasiado y provocar que se pare.
Por eso, recomienda sentido común y vigilancia. “Solo hay que purgar si se detectan síntomas, y después volver a dejar la presión en el valor indicado por la caldera. Si hay que purgar muy a menudo, eso ya es un aviso de que algo falla y conviene llamar a un profesional”, concluye Sierra.