El cambio silencioso que transformará Abanto Zierbena: menos agua, más flores y 8 grados menos de calor

El municipio vizcaíno inicia una revolución verde que atraerá abejas y mariposas, reducirá el consumo de agua y hará las calles más frescas
Flores en el municipio de Abanto-Zierbena. / Ayuntamiento de Abanto-Zierbena

Abanto Zierbena ha comenzado una transformación silenciosa de sus calles y jardines con un nuevo modelo de jardinería urbana más sostenible, eficiente y pensado para combatir el cambio climático. Por primera vez, el municipio combinará la tradicional flor de temporada con plantas vivaces y especies autóctonas capaces de sobrevivir durante años con menos agua y menos mantenimiento. El objetivo no es solo mejorar la estética de plazas y jardineras. La estrategia busca reducir el consumo de agua hasta un 50%, aumentar la biodiversidad urbana y crear espacios más saludables para la ciudadanía.

Más mariposas, menos gasto y calles más frescas

Los nuevos macizos florales ya incorporan especies como gramíneas ornamentales, rudbeckias o salvias, plantas resistentes. Además favorecen la presencia de polinizadores como abejas y mariposas, cada vez menos habituales en las ciudades. Desde el Ayuntamiento explican que esta transición se alinea con el Pacto Verde Europeo y con las recomendaciones de la Agencia Europea de Medio Ambiente. Unos estudios que  señalan que los espacios verdes urbanos pueden reducir la temperatura local hasta ocho grados, disminuir el ruido y mejorar incluso la salud mental de la población.

Una inversión “directa en salud pública”

El alcalde, Iñaki Urrutia del Cura, defiende que el cuidado del paisaje urbano “no es solo una cuestión estética”, sino una herramienta clave para construir municipios más resilientes y preparados para los veranos extremos. En la misma línea, la concejala Argiñe de la Cruz Ortuzar asegura que apostar por este modelo “no es una moda ni un lujo”, sino una inversión directa en bienestar social y calidad de vida.

El modelo que sustituye al césped tradicional

El cambio también incluye praderas naturales con flores silvestres, alcorques vivos alrededor de los árboles y el uso de materiales como corteza de pino o grava volcánica para conservar mejor la humedad del suelo y reducir el riego. Estas zonas requieren menos mantenimiento, soportan mejor la sequía y albergan muchas más especies de insectos beneficiosos que el césped convencional.

El gran reto: convencer a los vecinos

Desde el Consistorio reconocen que uno de los desafíos será explicar a la ciudadanía por qué algunas zonas tendrán un aspecto más natural y menos “perfectamente cortado” que hasta ahora. La idea es avanzar poco a poco hacia una jardinería urbana más sostenible. Todo ello sin renunciar a espacios cuidados y agradables para los vecinos, ampliando progresivamente las superficies naturalizadas durante los próximos meses.


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