Daniel Guzmán sacará su vena punk en Bilbao: «Presbicia es una metáfora, porque el fascismo está cerca y no lo vemos»

El actor y director actuará el 17 de abril en la Sala Azkena con Presbicia, un tributo a La Polla Records
Daniel Guzmán durante una actuación con Presbicia. / Panda Artist

La Sala Azkena de Bilbao acogerá este viernes uno de los primeros conciertos de Presbicia, el nuevo proyecto del célebre actor y director Daniel Guzmán. Un tributo a La Polla Records, al punk más clásico y a la música más reivindicativa. Les acompañarán Algazara, otro grupo tributo a una banda mítica del punk estatal como Reincidentes.

En Radio Nervión hemos charlado con el propio Daniel Guzmán para conocer más sobre esta nueva faceta y su amor por Bilbao, Euskal Herria y el rock radical vasco.

Radio Nervión:  Actor, director de cine, creo que también eras grafitero en tu adolescencia… ¿Cómo has decidido probar suerte ahora con la música?

Daniel Guzmán: «Pues la verdad es que tiene que ver algo también con esa adolescencia. Yo crecí con La Polla Records y con MCD, en una vertiente punk bastante marcada. Y eso me generó un pensamiento crítico, quizá una ideología o por lo menos una significancia social y en cierta manera política en mi desarrollo. Y ahora mismo, en este momento, creo que el punk es más necesario y está más vivo que nunca. Por cómo está todo alrededor, por cómo está el mundo y porque las estructuras de poder no han cambiado. Es una manera de expresarte y de manifestarte, o por lo menos de desahogarte.

Esto nació sin ninguna pretensión, sin ningún objetivo, como el propio punk. Te diría que el único objetivo era fracasar directamente, o por lo menos divertirnos en ese fracaso. Y esto salió pues un momento en el que dije ‘me apetece mantener vivo este legado, disfrutar con mis colegas, pero sin pretensión de tocar en ningún lado ni nada’. Yo tenía a mi primo, que es batería, y como los dos crecimos con La Polla Records y le dije: ‘tío, mira, ¿por qué no hacemos algo? ¿Por qué no nos reunimos ahí en el local y nos echamos una risas, lo disfrutamos y vomitamos un poco?’ 

Y a partir de ahí esto ha ido creciendo tío. Empezamos a ensayar, fuimos dando conciertos en garitos, por disfrutar y por pasarlo bien y se ha hecho la bola bastante grande. Conectamos de puta madre con el público desde el principio, se produjo esa comunión y ese festival y hasta hoy, la verdad».

RN: ¿Y el nombre de Presbicia cómo surge? No es una referencia directa a La Polla Records, pero sí que me parece un nombre como de grupo punk clásico.

DG: «Es que al fin y al cabo nosotros somos unos clásicos. Por mucho que queramos ser modernos, en lo clásico a veces está la vanguardia. En el caso de Presbicia, estábamos hablando y pensando, que en un principio no íbamos a ponerle nombre ni nada, porque no teníamos ninguna pretensión. Solo hacer un tributo, con respeto, admiración y honesto a La Polla, pero para nosotros nada más. Pero un momento mi primo me dijo ‘¿Pero habrá que ponerle un nombre no?’ y yo le dije ‘¿Para qué vamos a ponerle nombre a todo tío? Déjalo que fluya y tal’.

Y dándole vueltas, riéndonos… Una noche pensando me vino a la cabeza el nombre de Presbicia por dos cosas. Una, porque ya somos cincuentones y cada vez nos alejamos más los libros y los móviles. Pero, sobre todo, porque quería hacer una metáfora. Creo que la sociedad, aparte de estar dopada, tiene presbicia porque no se da cuenta de que el fascismo está aquí ya, que está cerca. Y no nos queremos dar cuenta, miramos a otro lado y se blanquea. Entonces viene por eso también un poco».

RN: Ya me has dicho que tu primo es el batería. ¿Quién son el resto de músicos que te acompañan? ¿Cómo les conociste?

DG: «Pues mira, empezó siendo mi primo el batería. Después de casi un año ensayando cada mes o dos meses, me salió el rodaje de la película ‘La Deuda’ y lo tuvimos que parar. A la vuelta fuimos a reconstruir el grupo, pero ya no se podía. Mi primo es batería y bombero, y se trajo con él a Juanra, que es bajista y también bombero, y a David Carretero, otro bombero. Ellos no pudieron seguir y entonces entró Charcu (primera guitarra), Rubén (segunda guitarra) y Fleki (batería). Lo anecdótico es que también son bomberos, o sea que estoy rodeado de bomberos. Será que como siempre incendiamos todo, preferí coger bomberos para que nos extinguieran los incendios de los conciertos (risas)».

Foto promocional de Presbicia, el grupo de Daniel Guzmán (Foto: @mario_smw/Panda Artist).

Daniel Guzmán cree que la conexión con el público es la clave de Presbicia

RN: ¿Y qué podemos encontrarnos en vuestros directos? Aparte de un homenaje a La Polla Records repasando sus clásicos, pero también un poco otros temas para los más expertos y críticos del lugar.

DG: «Sí. El otro día en Pamplona, cuando terminamos el concierto, muchísima gente del público nos dijo que le había flipado el repertorio, que era muy, muy completo. Lo que suele decir la gente es que es un festival y que hay una energía y una interacción con el público que no suele suceder en otros conciertos. Nosotros abrimos con el ‘Salve’, y desde la primera estrofa me bajé al público a cantar con ellos. Al final se establece un vínculo que me parece muy interesante y muy guapo. No es que nosotros demos un concierto y el público nos escucha, sino que el público da un concierto con nosotros. Porque se suben al escenario, yo bajo, interacciono… Al final público y grupo somos uno. Y eso es muy importante. Yo no lo sé hacer de otra manera: llego ahí arriba, me vuelvo loco, me transformo… Y quizás en esa energía, en esa interacción y en esa conexión con el público de tú a tú, a lo mejor se establece un elemento diferencial, creo».

RN: E imagino que tocar en salas pequeñas o garitos, como me decías antes, favorece mucho este ambiente tan cercano que queréis conseguir en los conciertos.

DG: «Sí, sí. De hecho lo hablaba ayer en el ensayo con un compañero de la banda y le decía: ‘Ahora estamos tocando en salas de 400-500 personas y ahí hay una conexión directa con el público. Si esto va más para adelante y tocamos en festivales, no me gustaría perder esa conexión porque eso es lo que de verdad nos diferencia a Presbicia. Cuando vas a ver un concierto bailas, cantas, relacionas… Pero hay una frontera entre el público y el escenario. Pero aquí no hay ninguna frontera. Al final, a veces no es que te genere problemas, pero sí que hay que gestionarlo porque igual se suben cuarenta personas al escenario a cantar ‘Ellos dicen mierda, nosotros amén’ y yo les doy el micro para que canten.

Entonces no sé qué pasará si algún día tocamos delante de mucha gente. Seguramente, mi cuerpo y mi mente acaben bajando igual y estaré abajo cantando, intentando dar orden dentro del desorden. Pero bueno, ahora mismo es que funciona así, el público sale encantado. Me jode decirlo, pero lo hago de manera sincera. La peña sale como un cohete, no paran de saltar y bailar desde el primer minuto hasta el final. Entonces ahí se establece un vínculo que es muy bonito y que es la esencia de nuestro directo».

RN: Me has dicho que ha sido todo muy improvisado pero… ¿Tenéis algún plan de futuro con el grupo? ¿Has pensado componer o grabar canciones propias, o ampliar el repertorio a otros grupos?

DG: «Pues muy buena pregunta, tío. La verdad es que en principio esto nació sin pretensión ni futuro y permitiéndonos fracasar desde el minuto uno. Es verdad que quizás esta premisa nos ha hecho disfrutar mucho y crecer, porque llevaremos siete u ocho conciertos, pero ahora están saliendo muchos bolos. Hemos fichado por Panda Artist, que Pau (mánager) y todo el equipo son gente maravillosa que llevan a músicos de verdad, profesionales. Yo no sé qué quiero hacer, pero ahora mismo estoy disfrutando y manteniendo vivo el legado de Evaristo y La Polla. Y, sobre todo, estoy haciendo un tributo desde el respeto y la admiración que lo estoy disfrutando de la hostia.

No sé si lograré componer algo musicalmente, o si me interesará y lo disfrutaré tanto como estoy disfrutando ahora. Yo ahora consigo disfrutar después de hacer películas, que es muy complicado, pero no sé qué quiero hacer. Escribir es algo que me sale solo, pero no sé si estoy preparado para componer y cantar. Si no estoy preparado, no sé si lo quiero hacer. Entiendo que cuando quieres contar historias y escribes te mola, pero no sé si me sentiría igual de seguro encima del escenario como lo estoy con las canciones de La Polla, que las tengo grabadas a fuego en mi interior. Si no consigo eso con temas propios, no sé si seguiremos. Pero bueno, la idea es disfrutar y ahora mismo estamos disfrutando. Ya veremos qué pasa, porque vete tú a saber si mañana estamos aquí o no».

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RN: ¿Habéis recibido ya algún mensaje de La Polla Records, del propio Evaristo o de alguno de los músicos?

DG: «De momento no. Tengo mucha ilusión y ganas, por la admiración y el respeto que siento hacia Evaristo, de conocerle. Si eso sucede, será desde un lugar muy espontáneo, natural y honesto. Te diría que sería algo muy sincero y normal, que sería toda una ilusión para mí. Intentaré no ser ningún groupi ni nadie que le dé la tostada y que le canse. Ojalá se dé, nos conozcamos y nos caigamos de puta madre. No quiero ser invasivo, irrespetuoso ni nada de eso. Quiero conocerle simplemente como cuando alguien llega a mí por mi trabajo. Desde la sinceridad, el respeto, la educación y la honestidad. Si eso sucede, que nos caigamos de puta madre y se establezca una relación, pues de puta madre. Y si no también, yo le seguiré admirando siempre».

RN: Me decías que MCD es uno de tus grupos favoritos también. Imagino que tocar en Bilbao, en Euskadi en general, te hace mucha ilusión. ¿Hay una parte de ti con un espíritu muy bilbaíno y vasco por esa relación con el rock radical?

DG: «Pues llevo 30 años pidiendo la nacionalidad vasca y no me la habéis dado. Yo estoy haciendo de todo ya, hasta crear un grupo como Presbicia que es una reminiscencia del punk vasco de toda la vida. Llevo toda mi vida intentando pertenecer a Euskal Herria y no lo consigo. Fíjate que estoy intentando avanzar con el euskera, pero ni para atrás. Así que a ver si ya con esto me dan la nacionalidad (risas).

MCD es un grupo que tiene una frontalidad y una direccionalidad que para mí fue referencial en la adolescencia. Igual que La Polla o muchos grupos de la época como The Exploited, Sex Pistols y Dead Kennedys, de fuera, pero también Kortatu u otros grupos de aquí. Al final, esa relación con la música te genera un vínculo muy especial con esta tierra. Siempre he tenido y tengo un cariño y una cercanía muy grande con Euskal Herria. Tocar en Bilbao posiblemente sea el momento más emocionante y que más ilusión nos hace, y a mí personalmente, el que más alegría me da.

Tocamos el otro día en Iruña y fue la hostia, vino mucha gente de muchos colectivos a darnos un abrazo y la enhorabuena al final. Espero que el concierto de Bilbao salga muy bien, porque para mí es el epicentro de todo esto. Me gustaría, y más en un sitio como el Azkena, que es una sala a la que tengo mucho cariño y que es referencial, que saliera de puta madre y todo el mundo se lo pasara increíble. Nos hace especial ilusión Bilbao porque, para mí, es la base posiblemente de casi todo este proyecto. Tocar en Euskal Herria es muy importante y ojalá disfrute la gente. Si se lo pasan igual que en el bolo que hemos hecho en Pamplona yo ya estaré satisfecho. Ya le he dicho a mis compañeros, como nos salga la mitad de bien que el de Pamplona me retiro y ya cerramos (risas)».

RN: Hablábamos ahora de Exploited y de Dead Kennedys, dos grupos de hardcore punk que surgieron en la época de Thatcher y de Reagan. Y el rock radical vasco surgió en un contexto que conocemos de sobra. ¿Crees que si vuelve a gobernar la derecha podría haber otro estallido de música izquierdista, reivindicativa, que cale en los chavales?

DG: «Bueno, la verdad es que la derecha nunca ha dejado de gobernar, porque las estructuras de poder no han cambiado. Me parece significativo porque ahora que me lo estabas diciendo, Presbicia nace en la época de Trump y de Bolsonaro. O en la época de este ser inefable que tanta destrucción ha causado como Netanyahu. O en la época del fascismo en Hungría, que ahora parece que está cambiando ligeramente. La derecha siempre ha estado ahí. Es verdad que la ultraderecha ahora mismo es quizás una de las etapas que más poder está teniendo. Antiguamente se decía ‘Estoy más acabado que la Falange’. De diez años a esta parte decir eso no tiene ninguna gracia porque la Falange está más presente que nunca.

Entonces sí, posiblemente en estas épocas convulsas, como cuando Thatcher destroza todo el Reino Unido, o cuando sale Reagan pueden surgir más grupo. Pero esto no ha cambiado nunca. La invasión de Irak, cuando Aznar ponía los pies encima de la mesa con Tony Blair y Bush fue hace relativamente poco. Finalmente esto no cambia y me hace reflexionar que Evaristo diseccionó muy bien una época, pero no es porque fuera un visionario: es porque las estructuras de poder no han cambiado desde esa época hasta ahora. Por eso el punk siempre ha sido necesario. Nunca ha estado muerto y ahora es más necesario que nunca porque estamos en una de las épocas más convulsas de la historia. Lo que está haciendo Estados Unidos, un país imperialista, reaccionario, bélico y conquistador no se veía hace mucho tiempo. Ahora es más necesario que nunca expresarse. No digo que se vaya a cambiar, pero por lo menos hay que expresarse o no mirar hacia otro lado o ponerse de perfil».

RN: Imagino que estás al tanto de lo que está pasando en el mundo del rap, con Código 27.

DG: Sí.

RN: Te iba a decir si crees que la derecha ya ha ganado cierto peso en el mundo del punk hace tiempo y si crees necesario que haya algún tipo de reacción o de respuesta similar, o si debería hacerse algo parecido.

DG: «No sé, yo quizás ahí tengo un conflicto. Soy contradictorio y eso es lo que quizás me hace crecer o evolucionar. Por un lado te digo que todo está perdido y que no va a cambiar nunca, pero otra parte de mí tiene la esperanza de que un cambio es posible. Que hay una nueva generación de chavales y chavalas que lo tienen jodido y difícil, porque la ultraderecha está permeabilizando muchísimo en las redes, que ahora mismo parece el mantra o el vehículo para adoctrinar y no consiguen salir de ahí. Pero por otro lado hay una contracultura o una revolución que no nos comemos el cuento, que lo vemos venir. Aunque algunos seamos mayores y nos tengamos que poner las gafas porque tenemos presbicia, lo terminamos viendo por experiencia. Ahora se están repitiendo los patrones del fascismo: la desinformación, los bulos en los mass-media… Todo.

Yo no sé si es porque estoy haciendo este tributo y estoy expresándome, pero duermo bien porque no me pongo de lado, no quiero mirar y no me pongo de perfil. Tengo esperanza y siempre hay que luchar. Lo peor en esta vida es que te vendan una democracia que a lo mejor está corrompida por un sistema electoral y que no tengas un enemigo. Lo importante es tener una imagen o alguien concreto contra quien luchar, porque si no, al final te duermes. Porque como es democracia y votas, parece que no puedes quejarte. No sé, hay muchas reflexiones sobre esto».


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